¿Un juicio de Dios para meter miedo a la gente?

“Dice La Biblia que un día Dios juzgará nuestros actos. Para mí es una muestra más de que la religión sólo pretende amargar a la gente metiendo miedo! ¿No te das cuenta de que el cristianismo va en contra de nuestra libertad y del disfrute de la vida? ¿No te parece paralizante eso de que Dios te pedirá cuentas?”

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RESPUESTA:

Decir esto es comprensible porque ciertamente hay personas que viven su fe de un modo angustioso. Pero en la práctica, el mensaje cristiano no es así. Para empezar: ¿Cuánto sufrimiento dejaría de cometerse cada día si nos tomásemos en serio que Dios va a pedirnos cuentas? Es decir: ¿Cuánto mal no se hubiera producido nunca si fuésemos conscientes de que ninguna maldad que cometamos quedará impune ante el juicio de Dios? ¿No es más bien un freno para el mal si uno cree esto de verdad?

El premio Nobel Czeslaw Milosz dijo: “Ahora estamos siendo testigos de una trasformación. El verdadero opio del pueblo es creer que no existe nada tras la muerte. Vivimos con el gran consuelo de pensar que todas nuestras traiciones, nuestra codicia, nuestros crímenes, no van a ser juzgados [1]”.

Yale Miroslav Volf apunta que “desde la paz de un hogar estable de Occidente, la idea de un Dios que juzgue y haga venganza no es bien vista por una gran mayoría. Pero en una tierra empapada de sangre y de víctimas inocentes, esa mentalidad pronto cae por tierra [2]

el juicio de Dios - delirante.org

Además, ¿No dice mucha gente que no creé en Dios por las injusticias y el mal que existe en el mundo? ¿Tiene sentido que por otro lado pidamos que Dios no ajusticie las injusticias? ¿En qué quedamos? ¿Pedimos a Dios que haga o que no haga justicia? ¿O sólo le pedimos que tome nota de la injusticia de los demás y no de la nuestra? ¿Dices que un Dios bueno no castigará a nadie? Creo que si han violado y matado a tu familia ese convencimiento no tiene realmente mucho interés en la justicia. Saber que Dios un día pondrá todo en su sitio y que hará justicia me ayudará a contenerme y a no devolver mal por mal convirtiendo el mundo en un frenesí de maldad y venganza desbocada. Pensar que no daremos cuentas de nada a nadie tras la muerte hace que muchas personas opten por una violencia desmedida. Creer en un Dios que hará justicia hace un mundo mejor. Los cristianos se esfuerzan porque haya justicia y bondad en este mundo, pero dejan la venganza en manos de Dios. Jesús dijo que los que hoy lloran un día reirán y recibirán su consolación. Como dijo el Nobel de La Paz y pastor Martin Luther King: El amor es el poder más duradero del mundo. Cristo ejemplificó con su vida que no hay mayor poder para la paz y la seguridad. ¡Qué mundo tan diferente sería si todos asumiésemos la visión cristiana!

Por darle la vuelta a la tortilla, yo creo que lo escandaloso del evangelio no es tanto que exista este juicio sino más bien la promesa de Dios de perdonar todos nuestros males por la fe en Jesucristo. Un culpable perdonado ¡Eso sí es chocante! Eso es lo que los evangelios llaman Gracia, un favor inmerecido. A Jesús muchos no le podían ni ver porque predicaba un perdón que nadie merece. Para los religiosos piadosos que se creían muy buenos el mensaje de perdón para quienes se arrepienten era un escándalo intolerable. Esta Gracia parece injusta... hasta que necesitamos un poco de ella.

Hablar de miedo y falta de libertad bajo la fe es lógico porque la religión a menudo lo ha provocado. Se entiendo que para algunas personas este juicio puede vivirse de forma terrible. Pero el Jesús de La Biblia pretende justo lo contrario al presentarse como el antídoto contra el temor. Es una libertad que no consiste tanto en decantarse por opciones dañinas y confusas sino la posibilidad de elegir y hacer lo mejor. Porque confiamos en Jesús tenemos libertad para vivir y acercarnos a él sin temor. Es una libertad comprobable cuando él nos llama a ser sus discípulos.

[1] Czeslaw Milosz, The Discreet Charm of Nihilism, New York Review of Books, 19 Noviembre de 1998

[2] Miroslav Volf, Exclusion and Embrace, Abingdon, 1996, p. 303

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