“¿Conque has conocido La Verdad? Vaya, vaya...”

Cuando alguien dice conocer "La Verdad" enseguida es visto como infantil o arrogante. Damos por hecho que no existe Una Verdad, así con mayúsculas, que diga en qué consiste el sentido de la vida. Pero, ¿Acaso no caemos en aquella misma arrogancia que rechazamos cuando afirmamos que no hay una verdad absoluta? Y es que cuando afirmamos que ninguna fe puede ser verdadera lo que estamos diciendo es que “mi certeza de que no puede existir un Dios que nos haya hablado (que es un tipo de fe) es La Verdad”.

verdad_dentroAsí que afirmar que la verdad absoluta es que no puede existir una verdad absoluta es una contradicción. Parece que somos humildes cuando afirmamos que encontrar propósito para nuestra existencia es algo imposible de saber. Pero si decimos esto “para invalidar cualquier posibilidad de poder discernir la verdad, pasa a convertirse en arrogante pretensión de una clase de conocimiento que se cree superior a todas las demás [1]”. Tim Keller apela la paradoja que supone “la insistencia en que las doctrinas para nada cuentan no deja de ser otra forma de doctrina, que tiene sin duda una visión concreta de Dios y que es considerada superior y mejor informada que las creencias de la mayoría de las otras grandes religiones [2]”. Es decir, que afirmar que es imposible conocer La Verdad es la auto adjudicación total de la capacidad para poder conocer la verdad sobre la verdad. Pero como por otro lado resulta imposible tener una certeza absoluta de la no existencia de Dios, esta negación de La Verdad absoluta es también un tipo de fe.

El problema de imponer los DD.HH. (o cualquier otra cosa) como La verdad

Con la descristianización de Occidente se ha perdido algunos referentes morales que hasta hace un tiempo la sociedad consideraba como puntos en común. Hoy muchos apelan a la carta Universal de los Derechos Humanos (DDHH) como este referente del bien y el mal. Se trata de unos Derechos Humanos que tienen un germen cristiano. Y aunque no es 100% así, algunos han definido esta carta como un evangelio de Jesucristo sin Dios. El catedrático de leyes especialista en Derechos Humanos,  Michael J. Perry, concluye que "hay un fundamento religioso para justificar los Derechos Humanos. Pero no está tan claro si hay igualmente una base no religiosa para fundamentarlos racionalmente [3]". La interesante observación de Perry apunta a que los DDHH tienen algunos problemas para validarse como un referente moral universal ¿Por qué los DDHH deberían ser una autoridad moral?:

Hay quien justifica los DDHH por su supuesto beneficio para las personas. Otros apelan a que lo avalan el consenso, una supuesta decisión de la mayoría. Pero el asunto de las mayorías es complejo de defender precisamente porque los DDHH existen para defender la libertad de derechos individuales incluso cuando no siempre sean favorables para el interés de la mayoría. Ver los DDHH como un convencionalismo para relacionarnos de la mejor manera posible no es algo tan obvio y sencillo. Si echamos un ojo a la historia y a todas las barbaridades que las sociedades han asumido como "moralmente correctas" podemos echarnos a temblar: Esclavitud, segregación, imposición religiosa o ideológica, xenofobia, etc.

Que unas normas estén escritas ahí y que debe ser acatada, tanto si te gusta como no, tiene sus puntos débiles: ¿Qué pasa cuanto tenemos alguna opinión moral que no es compartida por la mayoría?  Tim Keller comenta este asunto y añade: “Si apuntamos al argumento de una creación arbitraria consensuada ¿Qué ocurriría si una mayoría decide que los DDHH ya no valen para este fin? ¿Quién tiene derecho a convertir en ley y norma propio juicio y sentimientos subjetivos? ¿La mayoría tiene derecho de votar a favor del exterminio de una minoría? (algo que ha sucedido infinidad de veces en la historia) Si decimos "claro que no" volvemos al punto de partida: ¿Quién habrá dicho que la mayoría está obligada moralmente a no exterminar a una minoría? Si Dios no existe, Nietzsche, Sartre y otros más concluyeron que ya no existe un argumento firme para ser amables, o mostrar amor, o para trabajar a favor de la paz [4]”.

Para otras culturas, los DDHH son una imposición de valores de Occidente hacia el resto del mundo. Marc Hauser (psicobiólogo no creyente de la Universidad de Harvard) y el conocido neurólogo Antonio Damasio (Universidad de Iowa) publicaron en Nature un estudio mostrando cómo nuestro raciocinio no juega un papel tan importante como creemos al elaborar juicios morales. Pero entonces: ¿Quién tiene derecho a imponerme su moral? ¿Qué entidad suprema me dice a mí cómo debo actuar? ¿Por qué deber ser obligatorio aceptar los Derechos Humanos si yo veo la vida de forma diferente? O si creemos que estamos en este mundo por azar: ¿Por qué considerar más valiosa la vida de una persona que la de un árbol o un animal? ¿Por qué iba a estar mal negar los derechos a alguien? Son preguntas que no tienen respuestas sencillas. Para el cristianismo las personas son creadas a imagen y semejanza de Dios. Pero para el ateísmo o el agnosticismo sólo somos una especie más. Cuando en Occidente damos por hecho que somos especiales, mucho tiene que ver con la herencia que dejó el cristianismo cuando fue bien entendido.

Hoy solemos decir que nadie debe imponer su visión a los demás. Pero ¿Es así en la práctica? ¿O acaso, por ejemplo, el rechazo de lo sobrenatural de Occidente no destruye el legado de culturas locales animistas cuando se llega allí? Cuando somos parte de una comunidad en la práctica exigimos a otros a asumir creencias y excluimos a quienes no están dispuestos a asumirlas. Hoy pedimos, por ejemplo, que nadie imponga una religión a los demás (¡Como debe ser!). El hecho es que establecemos límites para incluir y para excluir a los demás.

 La verdad es inevitable

verdad absoluta 3Ninguno somos tan relativistas en cuanto a las cosas que nos importan. Afirmar que está mal que mi jefe no quiera pagarme al final de mes es una verdad. El ateo más popular de este siglo, Richard Dawkins, dice con razón "Muéstreme un relativista cultural a 30.000 pies y yo les mostraré un hipócrita[5]".

Es paradójico, y hasta humorístico, que muchos digan que "todas las religiones o creencias están históricamente condicionadas... excepto mi creencia actual”. Nadie lo dice con estas palabras, claro, pero es lo que subyace cuando alguien se posiciona en contra de la posibilidad de que un Dios creador exista y que se haya revelado. Pero que esta objeción es un boomerang: ¿Por qué tu cosmovisión (agnosticismo o ateísmo) es la verdadera?

Decir que “no puede ser que una sola religión sea verdadera" es una premisa de fe típica de Occidente que no vamos a poder demostrar como un hecho. Pero si salimos de Occidente y llegamos a culturas orientales afirmando: "No puede haber una única religión verdadera" muchos dirán "¿Por qué no?". Su mentalidad es otra.

No tiene sentido imponer a otros nuestra verdad negando la validez del concepto mismo de verdad. Si tu jefe decide no pagarte a final de mes porque quiere hacerse más rico, seguro que ves claro que se trata de una acción inmoral ¿Por qué exigirle que me pague si cada uno tiene su verdad? Y es que la realidad es que todos creemos en verdades. Pero es difícil apartarlas de nuestro contexto y condicionamientos particulares para analizarlas de forma aséptica ¿Se puede hacer esto? Si queremos ser libres debemos intentar ir más allá de lo establecido. La aventura merecerá la pena. “No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma” decía Jiddu Krishnamurti. También Mahatma Gandhi dijo: “Aunque la verdad esté en minoría, sigue siendo la verdad". Y es que hay evidencias para pensar en algo superior a nosotros. En palabras de C. S. Lewis, "Creo en el cristianismo como creo que el Sol ha salido. No sólo porque lo vea sino porque gracias a eso puedo ver todo lo demás". Ahí dejamos el reto: No una religión sino la persona misma de Jesús como La Verdad, El Camino y La Vida (Juan 14, 6).

Por Delirante.org

[1] Lesslie Newbigin, The Gospel in a Pluralist Society, Eerdmans, 1989, pp. 9-10, 170

[2] Timothy Keller, La Razón de Dios, Andamio, 2014, p. 38

[3] Michael J. Perry, Toward a Theory os Human Rights: Religion, Law, Courts, Cambridge University Press, 2007, p. 3

[4] Timothy Keller, La Razón de Dios, Andamio, 2014, pp. 238-239

[5] Richard Dawkins, El río del Edén, Debate, 2000

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