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| Desde el principio de los tiempos, algo ha impulsado a los seres humanos a mirar hacia arriba, a contemplar los astros con devoción |
Con la consulta del horóscopo ocurre como con el seguimiento de muchos programas televisivos de dudosa calidad educativa: pocos reconocen que los ven, pero lo que revelan los índices de audiencia es otra cosa. "Curiosidad", "por si acaso", "por firme convicción"... son algunas de las motivaciones que llevan a acercarse los supuestos pronósticos futuriles. Si tú eres uno de esos cientos de miles que se acercan al horóscopo a diario de tienes puntos en común con nosotros. Y es que hay algo, o mucho, dentro de nosotros que se empeña en insistirnos con que no todo se reduce a átomos y leyes físicas. Algo o alguien pretende convencernos de que tanta belleza en derredor no es la tapadera de un cosmológico fraude. Algo o alguien nos invita a sospechar de que tras lo visible hay más... algo trascendente que está por encima de nosotros.
Afirmar que la teoría de la evolución no es más que un montón de gases que salen de la nada y que, de forma azarosa, acaban convirtiéndose en personas no deja de ser una afirmación de fe. Pero una fe en la casualidad, en el vacío, por lo que finalmente es la misma razón la que nos invita a sospechar que nuestra capacidad para creer nos ha sido dada para que se enfoque en algo más sublime, con sentido y más liberador que la propia nada o el azar. La realidad es que todos ejercemos fe y que lo único que cambia en cada cual es el objeto de la misma.
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"Algo o alguien nos invita a sospechar de que tras lo visible hay más, algo trascendente" |
Tal y como rezan los tópicos de las grandes preguntas de la humanidad, lo que nos angustia es la falta de respuesta ante el innato deseo de conocer hacia adónde vamos. Ante este interrogante antiguo, el mero hecho de pensar que el movimiento de los astros o que el día de nuestro nacimiento pueden darnos la clave no deja de ser una angustia de segunda clase. Angustia que se convierte en procesión que va por dentro cuando ésta se da en estos tiempos en los que la muerte se ha erigido en tabú de una sociedad que dice ser libre cuando te invita a actuar como si fueses a vivir eternamente. Por eso, cuando realmente aspiramos a lo auténtico y a lo trascendente es cuando no nos convence la apuesta consistente de depositar nuestra confianza y destino en los movimientos interplanetarios. Tal planteamiento no acaba de llenarnos, y menos aún cuando la astrología nos insinúa que detrás de esos guías cósmicos no existe nadie, pues sólo son cosas. Esto hace que de repente el horóscopo nos susurre la espantosa sentencia de que si lo creemos así nos quedamos solos en nuestro viaje por esta tierra. Es entonces cuando el "¿Quienes somos?" se suma al hedor del martilleante eso de su hermano mayor: el "¿Adónde vamos?".
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¿Hay un Dios personal tras la materia de los astros y el universo que les acompaña? |
No es difícil deducir que la astrología es una compañera que al no ser persona no se casa con nosotros, convirtiéndose así el horóscopo en esperanza adultera que nos abandona dejándonos cornudos cual símbolo de Tauro o Capricornio mientras yacemos cautivos de las deshumanizadas leyes que dicen regir el universo con absurda sabiduría azarosa.
Es fácil escuchar el alarido de abismo existencial creado por el zodiaco sin ni siquiera haber dado el paso siguiente que nos llevaría a plantearnos si la astrología tiene algo de cierto. Lo triste aquí es que ya estamos confusos sin todavía haber interrogado a aquellos pensamientos acerca de las contradicciones albergadas entre las infinitas predicciones futuristas que se ofrecen por doquier en la ciudad. Antes de llegar a este punto ya estamos cansados de vacío y todavía no hemos llegado al escalón donde se sienta la pléyade de espabilados que se forran gracias a la desesperación de los clientes consultores. Ni nos hace falta entrar en ese tema, pues ya de antes nos hemos percatado de que el zodiaco no nos vale y que ya murió de símbolo de cáncer y desvirgado.
Pero sin dejar de mirar hacia arriba y hacia dentro, el Jesús de la Biblia nos da un abrazo que el horóscopo es incapaz siquiera de soñar. Jesucristo es una persona, y el firme convencimiento de que resucitó, perdonó nuestros errores y que además nos escucha atentamente es una noticia que supera lo conceptual sin contradecirlo. Esta fe en un Dios dinámico, personal y de amor es la fe escrita con efe de fuego y de fundamento, y no con la de fraude o frustración. La nueva perspectiva del Cristo de Nazaret hace que, cual símbolo enfrentado de piscis, se nos rompan las perspectivas del claustrofóbico acuario para llevarnos al mar donde nos encontrarnos con nosotros mismos justo al encontrarnos con nuestro creador.
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"La astrología es una compañera que al no ser persona no se casa con nosotros" |
A pesar de que todavía nos quedan signos de leones por acallar y escorpiones que sacudir en nuestra cotidianidad, la grandeza de este Jesús cercano no tiene límites de alcance, ni siquiera los de nuestro contradictorio universo interior. Tras ser rescatados por Él, sabemos que sus brazos no se abren sólo para buenos, ya que si así fuera, no habría abrazo, pues la balanza -cual signo de Libra- nos pone a todos en el lugar del debe. No sé del todo bien por qué, pero el destello del cielo más real sólo puede proceder de aquel que ha demostrado a la muerte misma por qué se hace llamar La luz. Es aquél quien nos creó para darnos un futuro estelar sin dejar nada al azar. Sólo depende de tu elección respecto a qué o a quién vas a entregar el destino, ese resto de tu vida que comienza tras la lectura de este punto... y aparte.
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