¿Pretende La Creación de Génesis ser leída como un relato científico? Génesis 1 y 2, la (desconocida) gran revolución por la libertad y dignidad

Cuántas veces oímos que la fe se opone a la ciencia. O que la ciencia contradice La Biblia. Sin embargo, se trata de prejuicios que confunden aspectos relacionados del debate y de la negación de unos hechos que demuestran que se tratan de falsos conflictos.

Es cierto que esta errada dicotomía entre ciencia y fe ha sido promovida en gran parte desde la  errónea manera de interpretar La Biblia por parte de influyentes religiosos a lo largo de la historia. Estos cristianos quisieron ver en las Sagradas Escritura un tratado de geología, antropología o astronomía. El error fundamental de esta postura es que La Biblia no pretende transmitir conocimientos desde el método científico sino que usa el lenguaje y conocimientos de su tiempo para que su mensaje liberador fuese comprendido por sus oyentes originales. Las Escrituras pretenden mostrarnos ilustraciones de otro tipo respecto a quien es Dios así como la identidad y el destino de su pueblo ¡Como si esto fuera poca cosa!

Galileo, Bacon… creían en La Biblia… y en la ciencia

Esta errada visión de La Biblia como un libro que se acopla a las cambiantes teorías científicas de cada momento (concordismo) fue criticada, entre otros muchos creyentes, por Galileo Galilei como una práctica que socava la credibilidad de La Biblia, algo que tristemente sigue ocurriendo hoy. Galileo no tenía ningún problema con su fe, ni con La Biblia, pero sí con sectores de una Iglesia Católica inmersa en titánicas luchas de poder. Galileo diría cosas como que La Biblia nos enseña cómo ir al Cielo, no cómo va el cielo.

El pionero del método científico moderno, Francis Bacon, también habló de “dar a la fe lo que le corresponde a la fe y distinguir claramente entre el libro de la Palabra de Dios y el libro de sus obras es premisa fundamental […] el conocimiento no puede sino constituir una eficaz incitación a la exaltación de la gloria de Dios […] La teología revela la voluntad de Dios: la ciencia su poder [1]”.

Mucho antes de Bacon y Galileo el influyente Orígenes, ya en el siglo tercero, dijo sobre Génesis 1: “¿Qué persona inteligente, me pregunto, consideraría razonable que el primero, segundo y tercer días, en los que se dice que hubo tanto una mañana como una tarde, existieran sin sol, ni luna ni estrellas, y que en el primer día no hubiera ni cielo siquiera? No creo que nadie dude de que éstas eran expresiones figuradas [2]. San Agustín (quien escribió mucho sobre Génesis) daba por hecho que no había que leer Génesis literalmente ni en clave de ciencia. Él insistía en que Dios está fuera de las limitaciones del espacio tiempo (2 Pedro 3,8) y daba argumentos como que la palabra hebrea para “día” (yôm) posee un significado más amplio y simbólico en otras partes de La Biblia.

Génesis no pretendía mostrar La Creación de forma literal ni para su tiempo

Y es que es en la interpretación de Génesis donde más cuece todo este lío ¿Y a quién se le ocurrió que si un texto no lo interpretamos siempre literalmente entonces es falso o lo menospreciamos? Así no funciona la comunicación humana, y menos aún una Biblia llena del simbolismo hebreo característico de sus tiempos. Las parábolas de Jesús, por ejemplo, transmiten un mensaje muy poderoso a la par que se sirve de historias ficticias, no históricas.

Ni nosotros ni nadie habla siempre de forma literal ¿O acaso alguien piensa que el Sol «sale» desde algún sitio concreto cuando lee: “Sale el sol, y se pone, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta” (Eclesiastés 1, 5)? ¿No sería absurdo señalar este versículo de Eclesiastés como mentira? O como cuando Dios dice: “¿Has estado en los depósitos donde guardo la nieve y el granizo?” (Job 38,22) Son formas de hablar para ilustrar verdades que no tienen que ver con el método científico sino con la soberanía de Dios único sobre la creación y que es revelado a su pueblo ¡Una enseñanza fundamental en un mundo antiguo lleno de dioses tiránicos a los que someterse!

Y es que el relato de Génesis no pretende revelarnos un catálogo de eras geológicas o taxonomía. Debería ser obvio. Las necesidades de sus receptores eran muy diferentes. Para entender todo esto tal solo un poco deberíamos viajar en el tiempo y haber estado en Egipto o sobre todo haber sido siervos en Babilonia para asimilar algo de la desbordante riqueza del primer relato de La Biblia. Si pudiéramos viajar a aquel tiempo y lugares descubriríamos con cierta facilidad conceptos y experiencias de cautividad y explotación en nombre de los dioses que nos revelarían la clave del auténtico significado de Génesis para la historia del hombre y la mujer.

En La Biblia Dios se presenta como el origen y sustentador de todo lo creado. Él hizo lo más alto y lo más bajo que existe, ya sean las columnas bajo la tierra (Sal.  75,3), las compuertas en el cielo (Gn. 8, 2) o aquello que se pensase que configuraba el Universo… o lo que se piense ahora. Ese no era el punto. La física, astronomía o topografía concreta daba igual para lo que de verdad quiere mostrarnos La Biblia. La intención no es revelar datos científicos sino comunicarse como hablaba la gente para hacer entender que Dios es el creador y no una parte de la creación divinizada a la que rendir tributos, culto y trabajo mediante aquello que ordenaran sus representantes divinos personificados en los explotadores gobernantes ¡Génesis libera a sus receptores de este yugo!

Deconstruyendo el literalismo

En Génesis hay dos relatos de la creación. Y sus autores sabían que el segundo relato no es totalmente compatible con el primero en términos científicos o literales, algo que les resultaba obvio también para aquella época ¡No eran tontos! Y es que el problema con la expectativa literalista lo tenemos nosotros como hijos de la revolución científica y una modernidad que en determinadas corrientes comenzó a exigir datos medibles a toda narración para cuantificar sus verdades.

Sin embargo, la cultura bíblica era mucho más simbólica que la nuestra. No tenían ningún problema al ver que mientras el primer relato de la creación de Génesis habla de los seis días, en Génesis 2,4 Dios crea los Cielos y La Tierra en un sólo día. Los escritores bíblicos no quieren concordar datos cuantitativos, y sobran los ejemplos para comprobar esta intención alegórica. Veamos algunos:

En el capítulo uno la vegetación aparece tres días antes que los humanos mientras que en el capítulo dos Adán parece ser creado antes que cualquier planta:

«No había aún arbustos en la tierra ni la hierba había brotado, porque Dios, el Señor, todavía no había hecho llover sobre la tierra ni existía nadie que cultivase el suelo» (Gn. 2, 5).

Fijémonos que la lógica de este versículo no encaja con la realidad natural observable sino con el llamado para abastecerse de su propia comida, pues “científicamente” sabemos que no se necesita del trabajo humano para que existan arbustos, plantas o hierba como dice el versículo desde su interpretación literalista. Basta ver una isla deshabitada y su vegetación desbocada para comprobar que los arbustos y la hierba brotan sin presencia humana… ¿Falla entonces Génesis al describir la realidad? ¡No! Fallan quienes exigen a Génesis literalismo científico.

El relato se dirige a una cultura agrícola que sabía perfectamente que un día es el intervalo que va desde que el Sol está en un punto respecto al horizonte hasta que vuelve a situarse en dicho punto. Así que no tiene sentido hablar de los días primero y segundo cuando el Sol no existió hasta el tercer día. Y es que, una vez más, el autor de Génesis no pretende narrar un orden cronológico sino mostrar primeramente un espacio para su llenado posterior trayendo orden al desorden. Primero la casa y luego los muebles.

Sin alargar este apartado, existen otros significativos detalles que nos llevan a la deconstrucción literalista como cuando en el día 1 Dios «separó Dios la luz de las tinieblas». Si lo comparamos con el cuarto día en el que: “puso las lumbreras para separar la luz de las tinieblas” nos preguntamos…¿Pero no había separado ya la luz de las tinieblas en el día 1? Sí. La idea es recalcar que es Dios quien separa la luz de la oscuridad, una alegoría aplicable a nuestra cotidianidad de cara a caminar en la luz de Dios y sin intención de describir una historia cósmica de la manera tan confusa y contradictoria a como lo hace el literalismo… ¿Y acaso también duró 24 horas el séptimo día en el que Dios «descansó«? (Gn. 2, 2). No parece referirse a un descanso literal de Dios en algún rincón del Cielo sino más bien una ilustración pedagógica para el cumplimiento del Shabat del antiguo Israel.

¿Qué pretende entonces Génesis?

El trasgresor propósito del relato de La Creación

La Biblia ha sido escrita en un contexto étnico, cultural, histórico, lingüístico y literario concreto. Al texto debemos realizarle las preguntas correctas: ¿A qué audiencia se dirige? ¿Qué tipo de lenguaje utiliza? ¿Qué tipo de literatura es? ¿Qué propósito tiene? ¿Qué más sabemos que pasaba fuera de la Biblia?

Aquel pequeño grupo humano que vivió rodeado y dominado por influyentes superpotencias como Egipto o Babilonia necesitaba una respuesta respecto a las inquietantes cosmogonías de sus poderosos vecinos. El erudito en antigüedad J.H. Walton comenta cómo “La creación cósmica en el mundo antiguo se veía principalmente como un proceso mediante el cual quedaban establecidas las funciones, los roles, el orden, la jurisdicción, la organización y la estabilidad [3]”.

Los poderosos babilonios fueron determinantes al provocar la mayor crisis de identidad de Israel durante su sometimiento y vuelta a Jerusalén, tiempos en los que se terminó de editar Génesis y sus dos relatos de la creación. Durante los 70 años de cautiverio hebreo, los babilonios leían el Enuma Elis cada fiesta de año nuevo, un relato que narra la lucha entre Tiamat y Marduk en la que los despojos corporales de Tiamat eran usados por Marduk para crear ese Universo lleno de dioses a quienes los humanos debían servir. La mitología babilonia, como casi todas en la antigüedad, reservaba a los gobernantes la capacidad de ser mediadores con estos dioses o incluso encarnarlos con el fin de que todos obedecieran sin discusión al rey, emperador o faraón.

Y ante este sistema de vida ¿Qué tenía que decir el Dios de la Biblia a su pueblo?

La respuesta de Génesis no tuvo parangón en la antigüedad. Sus revolucionarias claves son tan profundas y pioneras que se nos escapan desde cualquier acercamiento superficial que hoy podamos hacer desde el Occidente del siglo XXI. Deberíamos haber vivido allí, libres de multitud de nuestras ideas y logros ya asimilados que hoy nos parecen “tan obvios” para fascinarnos y descubrir que la Biblia comienza con un mensaje único, provocador, novedoso y liberador. Para descubrirlo ¡Vayamos para allá! Aunque sea un poco.

Contra la opresión y para la dignidad humana

Pongamos un ejemplo de esta revolución citando Génesis 1, 16: “Y creó Dios la lámpara mayor del día, y la lámpara de la noche”. Y creó también las estrellas. Hoy este versículo nos parece para niños de 3 años. Pero fue un shock, un escándalo a todas luces (nunca mejor dicho) en su tiempo. Los imponentes dioses lunares babilonios que regían el destino de la humanidad quedaban reducidos a la categoría de… ¡¡Cosas!! ¡¿Pero cómo puede ser esto?! –dirían muchos por entones-. La Luna ya no era el temible dios babilonio Sin sino una lámpara creada por el único Dios verdadero ¿¡Un sólo Dios!? ¿Y que además no forma parte del panteón divino de la naturaleza? ¿Qué ese Dios no puede ser medido ni representado en lo que vemos? ¡Wow!

Pero sigamos…  ¿Y qué del todopoderoso Egipto? Ra, el Faraón Hijo del gran Dios Sol… ¿Hijo de quién?, o mejor dicho: ¿Hijo de qué? En Génesis, Ra ya no puede ser visto como el representante de ninguna divinidad solar a quien someterse sin rechistar. Se les acabó el chollo a los reyes explotadores. El Sol es sólo algo material, una especie de lámpara mayor creada por Yavé. Y claro que el hebreo bíblico también posee sus términos para designar la Luna y el Sol, pero aquí se evita usarlos para cosificarlas al máximo, para eliminar cualquier duda sobre su no divinidad y darles la puntilla como meros elementos creados al servicio de la tierra y sus habitantes.

La cosmovisión del mundo cambió para siempre con Génesis 1 y 2. Todo es creado por la Palabra de Dios y ni el caos ni lo material se resisten a sus órdenes. La creación no es fruto del caos o de las luchas de dioses como en los relatos mesopotámicos sino «buena», con propósito. La fertilidad ya no se consigue mediante sacrificios sino que se presenta como un don de un Dios único y preexistente.

El versículo de Génesis 1, 16 continua diciendo “…y creó también las estrellas” casi como un “¡Ah! se me olvidaba… las estrellas también son meras cosas creadas”. El zodiaco actual tiene su base en Babilonia y se le atribuía poderes de orientación y destino para la nación. Pero en Génesis las estrellas y astros carecen de funciones de adivinación para regir el destino de los humanos según el capricho de los poderosos.  Sus astrólogos son aquí desprovistos de sus funciones despóticas y sobrenaturales para controlar el destino de las masas sometidas.

Hombre y mujer se igualan entre sí como la obra maestra de la creación. Todos somos imagen de Dios, no sólo reyes o jerarcas religiosos. Es el relato anti-mito, anti-idolatría, anti-miedo, anti-opresión, pro-mujer, pro-personas. Génesis abre una liberación sin igual. Toda la creación procede de Dios para el disfrute y la responsable gestión del ser humano. Hombre y mujer ahora son ahora Adán (Adán significa humanidad, Gn. 5: 2). El ser humano no es un resquicio de las batallas divinas sino la imagen y semejanza de un único Dios (1, 26) que le capacita para conocer leyes naturales expuestas racionalmente por un Dios racional. La idea de un universo ordenado y estructurado es revelada como un acto libre de Dios que invita a la experimentación de la naturaleza sin temor. Génesis puso bases de la dignidad humana asumida en Occidente y fundamentos para hacer buena ciencia.

Creación = Liberación, también en el resto de La Biblia

Fuera del Génesis, los textos de la Creación del resto del Antiguo Testamento también se asocian a la liberación, ya sea de Egipto o de Babilonia (Isaías 40, 21-13 42, 5-7; 51.,9-11; Salmos 72, 12-14; 19-20; 89, 8-11, 14; 105, 5-9 [4]). Prácticamente sin excepción. Profetas y salmistas vinculan la justicia con el propósito de la creación. Aparentemente para nosotros son temas que no tienen nada que ver entre sí. Sin embargo, el Antiguo Testamento los relaciona repetidamente poniendo la creación al servicio de la liberación y contra la opresión. Esto nos proporciona una clave esencial para entender las alusiones bíblicas a la creación. Las divinidades atemorizantes encarnadas en mamíferos, aves o monstruos marinos como el Leviatán son nombrados para reafirmar el dominio de Dios sobre ellos: “creó Dios los monstruos marinos…”  (Gn. 1, 21)… ¿Y por qué menciona concretamente a los monstruos y no a los cetáceos, algas o los insectos?

Para comprenderlo mejor, leamos sobre estos monstruos en La Biblia más allá de Génesis:

Tú dividiste el mar con poder, rompiste la cabeza de los monstruos marinos; destrozaste las cabezas de Leviatán […] Tuyo es el día, tuya la noche; tú creaste la luna y el sol, fijaste los límites de la tierra, verano e invierno tú formaste […] ¡No arrojes a las fieras la vida de tu tórtola, no olvides jamás la vida de tus humildes! Dirige tu mirada a la alianza, pues hasta los últimos rincones del país están repletos de violencia. Que el oprimido no regrese avergonzado, que el humilde y el pobre alaben tu nombre. Oh Dios, ponte en acción, defiende tu causa”
(Salmo 74, 13-22 LP)

¿No es extraño vincular “rompiste la cabeza de Leviatán» con la causa del rescate de pobres y víctimas de violencia?

Y es que Génesis cita adrede los monstruos marinos para mostrar un Dios soberano que aplasta todo aquello convertible en objeto de temor y opresión. El asuntos central, evidentemente, no es si el Leviatán existió realmente o no sino que lo temían. En toda La Biblia hablar del tándem creación-liberación es hablar de la misma cosa. Revelador.

Así que el supuesto problema con Génesis y la ciencia es un problema «nuestro», no de La Biblia. La mentalidad hebrea de aquel tiempo se estructuraba de otra manera a la nuestra y Génesis, en un sentido bien entendido, se levanta como una asombrosa performance acerca de quien es Dios y el destino de un ser humano llamado a ser libre del yugo opresor. Esta es la revelación de La Biblia desde un simbolismo pedagógico profundamente trasgresor y contextualizado. Asuntos como la teoría de la evolución y otros temas deben debatirse desde el área estrictamente científica, no desde La Biblia como bien decía Galileo. Las Escrituras hablan de otra cosa.

Para los autores bíblicos lo fundamental del mundo no es cuándo o cómo fue creado en términos naturistas sino que fue hecho para que los cautivos retornen a su hogar, para traer libertad a los exiliados y para que podamos vivir en esa plenitud planificada por Dios cuando formó el mundo por su voluntad y poder. Que así sea.

Por Delirante.org

[1] El Avance del Saber, Mª Lusa Balseiro (trad). Madrid: Alianza Editorial 1988, pp. 14 y 15

[2] Origenes First Principles, Butterworth, G. (trad.), Londres: SPCK (1936), libro 4, cap. 3

[3] Charles Hummel, The Galileo Connection: resolving conflicts between science & the Bible. I.V.P., Downers Grove (Illinois, U.S.A.), 1986, p. 218

[4] Más en http://www.puertachile.cl/index2.htm  Teología > Biblia > Hans de Wit, He visto la humillación de mi pueblo: 2. La canción de la tierra, 1988

 

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