GÉNESIS 1-2 EN SU CONTEXTO: PARTE 1 DE 3
La falaz dicotomía entre ciencia y fe no es solo una mala comprensión de algunos ateos como muchos piensa. Históricamente, esta falsa contradicción también se ha construido por influyentes cristianos que vieron en las Sagradas Escritura tratados de geología, antropología o astronomía ¡Y ahí se ha liado todo!
Galileo, Bacon creían en La Biblia… y en la ciencia
Esta errada concepción de La Biblia como un libro que se acopla a las teorías científicas de cada momento (concordismo) fue criticada por Galileo Galilei como algo que socava la credibilidad de La Biblia.
El pionero del método científico moderno, Francis Bacon, también dijo que “dar a la fe lo que le corresponde a la fe y distinguir claramente entre el libro de la Palabra de Dios y el libro de sus obras es premisa fundamental […] La teología revela la voluntad de Dios: la ciencia su poder [1]”.
Antes de Bacon y Galileo, el influyente Orígenes (s. III) dijo de Génesis: “¿Qué persona inteligente, me pregunto, consideraría razonable que el primero, segundo y tercer días, en los que se dice que hubo tanto una mañana como una tarde, existieran sin sol, ni luna ni estrellas, y que en el primer día no hubiera ni cielo siquiera? No creo que nadie dude de que éstas eran expresiones figuradas [2]”.
San Agustín, siglo IV, (quien escribió mucho sobre el Génesis) daba por hecho que no había que leerlo literalmente ni en clave de ciencia. Para él, Dios está fuera de las limitaciones del espacio tiempo (2 Pedro 3,8) y daba argumentos como que la palabra hebrea para “día” (yôm) posee un significado más amplio y simbólico en otras partes de La Biblia.
Justino Mártir o Ireneo de Lyon tampoco consideraron literalmente todos los elementos de estos capítulos ¡Y todos vivían siglos antes de la teoría de la evolución!
Génesis no pretendía mostrar La creación de forma literal para su tiempo
¿Y a quién se le ocurrió que si un texto no lo interpretamos siempre literalmente es falso o lo menospreciamos? Así no funciona la comunicación. Y menos aún el pedagógico simbolismo hebreo. Las parábolas de Jesús, por ejemplo, transmiten un mensaje poderoso sirviéndose de historias ficticias, no históricas.
Ninguno de nosotros habla y entiende las narraciones siempre de forma literal ¿O alguien piensa que el Sol «sale» desde algún sitio concreto cuando leemos: “¿Sale el sol, y se pone, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta” (Eclesiastés 1, 5)? ¿No sería absurdo señalar el libro de Eclesiastés como una mentira científica por esto? O como cuando Dios dice a Job: “¿Has estado en los depósitos donde guardo la nieve y el granizo?” (Job 38, 22).
Génesis no pretende revelar un catálogo de eras geológicas o taxonomía. Debería ser obvio, pues las necesidades de sus receptores eran otras.
Dios se presenta como el origen y sustentador de todo lo creado. Él hizo lo más alto y lo más bajo que existe, ya sean las columnas bajo la tierra (Sal. 75,3), compuertas en el cielo (Gn. 8, 2), la Tierra dentro de una popular bóveda circular en tiempos de Isaías (Is. 40,22) o cualquier otra cosa que se pensara que configuraba el Universo físico.
Es como si hoy dijésemos: «un Dios personal y misericordioso gobierna sobre planetas, agujeros negros y todo lo que existe»… y resulta que dentro de un siglo se descubre que los agujeros negros no existen ¿Pierde credibilidad nuestro mensaje por ello? ¡Claro que no! Pues el punto que queríamos transmitir a nuestra generación es que el creador del Universo es un Dios de amor personal y misericordioso ¡Pues igual ocurre en La Biblia!
Como veremos más adelante, ¡Génesis libera a sus receptores de yugos que dominaban el mundo!
Imponerle al texto una lectura literal como sinónimo de «verdad» es en realidad una visión «moderna» expandida por el mundo por algunas misiones estadounidenses. Pero la cultura bíblica se expresaba de forma muy diferente.
¿Por qué no debemos leer Génesis 1 y 2 literalmente?
Lo primero que debemos saber es que en Génesis hay dos relatos de la creación. Y sus autores sabían que el segundo relato no es totalmente compatible con el primero en términos científicos ¡No eran tontos! El problema con la expectativa literalista lo tenemos nosotros como herederos de una modernidad que desde determinadas corrientes exigía datos verificables a la narración para cuantificarla y clasifícala como verdad. Pero esto no respeta la cultura original de la narración.
La cultura bíblica era más simbólica. No tenían problemas cuando leían un primer relato de seis días mientras que en Génesis 2,4 (el segundo relato) Dios crea los Cielos y La Tierra en tan solo un sólo día. Pero… entonces… ¿Son seis o solo un día? La respuesta es que los escritores bíblicos no pretenden concordar datos cuantitativos sino primeramente un espacio y posteriormente su consiguiente llenado trayendo orden al desorden (días posteriores de la creación).
Algunos ejemplos más:
Sin alargar este apartado, otros elementos que confirman la imposición literalista al texto lo vemos en el día primero, cuando Dios «separó Dios la luz de las tinieblas» y lo comparamos con el día cuarto en el que “puso las lumbreras para separar la luz de las tinieblas”… Pero… ¿No había separado ya la luz de las tinieblas en el día uno? Sí. La ilustración es de nuevo retórica, poética y recalca que es Dios quien siempre separa la luz de la oscuridad, una alegoría aplicable a nuestra cotidianidad cuando caminamos en la luz de Dios.
El descanso del séptimo día, otro ejemplo que dificulta una lectura literal:
¿También duró 24 horas el séptimo día en el que Dios «descansó«? (Gn. 2, 2) ¿Dejó Dios de atender a su creación durante aquel día 7? Parece más bien una ilustración para el cumplimiento del Shabat, el día de descanso para Israel.
Igual podríamos citar el capítulo uno donde la vegetación aparece tres días antes que los humanos mientras que en el capítulo dos Adán parece ser creado antes que cualquier planta. La ciencia no importa porque no es la intención de Génesis revelarla.
El relato de la serpiente
Fijémonos también en la serpiente. Para Matthew Richard “el Dios de la Biblia ciertamente tiene el poder de hacer una serpiente parlante. Sin embargo, lo notable de Génesis 3 es que nunca se molesta en decir algo como: “Originalmente, Dios les había dado a las serpientes la capacidad de hablar” o “en aquellos días, las serpientes podían hablar”. Al final de este capítulo, cuando Dios maldice a la serpiente para que se arrastre sobre su vientre, nunca agrega: “Y además, te quitaré tu caja vocal. Aparte del siseo, a partir de ahora estarás muda[3]”
¿Deberíamos preguntarnos entonces por qué las serpientes ya no hablan? Pues no. Aquí la revelación reside en su poder teológico de nuevo, pues las serpientes eran animales recurrentes en la antigüedad para representar el mal, una típica imagen cultural para ilustrar la tentación, el pecado, etc. Debemos entender que el simbolismo no minusvalora el poder del pecado ni cuestiona la existencia del mal o del diablo como ser espiritual. La alegoría más bien ilustra cómo funcionan internamente cada uno de estos elementos.
Las de Caín
Otro problema para la lectura literal está en Caín cuando tiene miedo de que en otras naciones le tomen como extranjero cuando supuestamente todos los humanos existentes serían familiares directos suyos (Génesis 4,13-14).
¿Espadas giratorias en un lugar geográfico?
¿Y qué de aquellas espadas giratorias de fuego que impiden entrar en el Edén (Gn. 3, 24)? ¿Alguien se topó con ellas o trató de enfrentarlas alguna vez? La ilustración aboga por una historia sin vuelta atrás. No parece que la idea fuese exponer el sistema de seguridad para impedir literalmente el acceso a un lugar geográfico que nunca nadie se ha encontrado (a pesar de haberse buscado sin cesar) y que, por tanto, no parecía necesario proteger con imponentes armas sobrenaturales.
Otras evidencias para asumir un relato contextualizado culturalmente y no histórico-científico en Génesis 1 y 2 son las repeticiones de palabras claves que aparecen 7 veces o en múltiplos de 7, el número de la perfección para los hebreos. Lo mismo sucede con las recurrentes formas poéticas y estrofas en hebreo que no son propias de la narración histórica.
Podríamos decir mucho más. Pero, definitivamente, las evidencias para una pretensión simbólica de los capítulos de Génesis 1 y 2 son abrumadoras sin ni siquiera apelar a la ciencia moderna. Basta con reflexionar La Biblia desde su propia narrativa y contexto para comprobarlo.
Pero entonces… ¿Qué pretende entonces Génesis? ¿Cuál es su contexto?… esto te lo explicamos en el siguiente artículo, en la parte 2 ¡No te lo pierdas las claves para comprender Génesis 1 y 2!
[1] El Avance del Saber, Mª Lusa Balseiro (trad). Madrid: Alianza Editorial 1988, pp. 14 y 15
[2] Origenes First Principles, Butterworth, G. (trad.), Londres: SPCK (1936), libro 4, cap. 3
[3] Ibid, p. 43