viernes, enero 28, 2022

Si hubo evolución… ¿Qué hacemos con Adán? ¿Qué del pecado original?

Cada vez hay más cristianos que no tienen problemas para decantarse por una lectura no literal de Génesis 1-3 asumiendo la teoría de la evolución como un hecho.

Sin embargo, surge un mayor conflicto con las palabras del apóstol Pablo acerca del pecado de Adán y sus consecuencias: ¿Debería ser Adán una persona histórica para mantener la coherencia bíblica? Y si no lo fue: ¿Qué sentido teológico tendrían las menciones de Pablo al primer hombre? ¿Qué ocurre entonces con el «pecado original»?

Daniel C. Harlow expone 5 formas básicas de considerar a Adán y Eva [1] (Ver imagen). Algunas de las posturas llamadas “concordistas” son asumidas por cristianos conocidos como Timothy Keller que entienden la evolución como un hecho al mismo tiempo que creen que Adán y Eva fueron personas reales históricas. A priori, el concordismo trata de resolver algunos problemas de encaje entre Biblia y ciencia evolutiva. Pero también crean otros.

Algunos exégetas rechazan las propuestas concordistas (y las creacionistas) por considerarlas proyecciones de necesidades modernas al texto alejadas de la intención original del autor. Según esta crítica, el concordismo y el creacionismo obligan al relato a ser comprendido desde premisas occidentales forzándolo a coincidir con la ciencia actual. Otro defecto del concordismo sería la inestabilidad que produce en nuestra fe al depender de los descubrimientos científicos de cada tiempo para mantener una correcta interpretación de La Biblia. Por esta razón, una de las principales críticas al concordismo entre ciencia y Biblia es el descrédito que ha generado hacia La Biblia. Un ejemplo de esto serían aquellos escritos medievales que para confirmar la veracidad de La Biblia citaban versículos que –según ellos- demostraban que La tierra era plana o fundamentada sobre columnas.

Como respuesta a las posturas literalistas, y citando a Karl Barth, “la idea de que la Biblia declara la Palabra de Dios solo cuando habla históricamente es una idea que debe abandonarse […] La presunta equiparación de la Palabra de Dios con un registro “histórico” es un postulado inadmisible que no se origina en la Biblia en absoluto, sino en el infortunado hábito del pensamiento occidental que asume que la realidad de una [narración] se mantiene o cae según sea “historia” o no [2]”.

En el artículo ¿Pretende Génesis 1 y 2 ser leído literalmente? ya expusimos que ni la revelación científica ni la plena historicidad parecen ser las intenciones de Génesis. Más bien pretende otorgar propósito e identidad a Israel sin pretensiones científicas ni estrictamente historicistas en cada punto.

En esta línea, las explicaciones del presente artículo pretenden avalar la inspiración de La Biblia y a Adán como posible figura literaria prototípica o representativa de la humanidad, no como una persona necesariamente histórica.

Problemas morales de la evolución… similares a los de nuestro día a día

Dicho esto, unos de los problemas comunes de algunos cristianos para aceptar la evolución son cuestiones de tipo moral. Por ejemplo: ¿Cómo un Dios bueno pudo haber dado lugar a la violencia y el enorme lapso de tiempo que propone la evolución? ¿Por qué y para qué lo haría Dios así?

Bien. No tenemos todas las respuestas. Ni nosotros ni nadie. Pero sí sabemos que el resto de preguntas acerca del sufrimiento son igual de complejas… haya habido, o no, evolución… ¿Por qué un niño sufre una dolorosa enfermedad degenerativa? ¿Y qué de tantas culturas sometidas a violencia por milenios y sin saber nada de Jesús? ¿Qué de la angustia de la madre que vivirá sin saber nunca nada de su hijo secuestrado?  Los problemas morales de la teoría evolutiva son dramáticos y reales. Pero el resto de preguntas acerca del sufrimiento son también difíciles y misteriosas.

Algunas de las respuestas al problema del sufrimiento pasan por nuestro llamado a adelantar su Reino y ser parte de la solución. También tienen una respuesta parcial en nuestra confianza en que un día todo mal terminará y que, a pesar de todo, hoy percibimos la bondad y gracia de Dios. Los cristianos, evolucionistas o no, aceptamos el misterio y decidimos confiar en Dios aunque no tengamos todas las respuestas.

Las preguntas difíciles acerca del sufrimiento no cambian demasiado si optamos por creer en una creación instantánea literal. De hecho, el literalismo añade sus propios problemas morales y teológicos. Y no son pocos. Por ejemplo: ¿Qué hay del incesto entre los hijos de Adán y Eva que en Levítico 18 se define como abominación? Dios pudo haber planificado la reproducción humana inicial de los hijos de Adán y Eva de otro modo que no fuera el incesto ¡Por supuesto! ¡La creatividad de Dios es incuestionable! Pero no lo hizo. Así que desde una interpretación literalista nos preguntamos: ¿Cómo pudo ser abominable el diseño original de Dios?… Sin embargo, nos quitamos estas innecesarias contradicciones y otros problemas lógicos si optamos por una interpretación más simbólica que científico-literal.

“Y todo era bueno”

Dentro de los problemas éticos, a muchos no les encaja que el duro proceso evolutivo lleve a decir a Dios “que todo era bueno” (Gn. 1, 31). Pero aquí el término hebreo no es un “bueno” que implica una total ausencia de sufrimiento o de maldad. Una prueba de que el mal se manifiesta antes de La caída es la existencia de una maléfica serpiente interactuando con los humanos. Su presencia poco tenía de “bueno” en el sentido moral ¿No creen? El relato también nos enseña que el bien y el mal pueden ser conocidos por la humanidad porque estos ya existen previamente entre nosotros.

El Dr. Alister McGrath nos comentó personalmente que ya San Agustín dijo que ese “todo era bueno” se refería más bien a que todo seguía su cauce establecido por Dios, no a la ausencia absoluta de mal o de problemas morales como a menudo proyectamos sobre esta expresión. El sentido de este “era bueno” sería similar al que se manifiesta en testimonios en los que -por ej.- una enfermedad o una tragedia cambia nuestra perspectiva de la vida para bien ¿O acaso Dios deja de ser bueno cuando hay sufrimiento?

Otros argumentos para una interpretación no literalista:

¿Muerte espiritual o física?

Denis O. Lamoureux [3]  señala otros argumentos para no optar por la interpretación literalista. Uno de ellos es que Dios le dijo a la primera pareja que “el día que comieres morirás” (Gn. 2, 17) cuando, sin embargo, ellos no mueren físicamente ese día sino que engendran hijos y viven muchos años más. Cuando se les dice esto, Adán y Eva tampoco se preguntan: “¿Y qué es eso de “morir” que parece tan importante?” No. El relato sobreentiende que ellos ya conocían qué era la muerte. El mensaje de fondo es más bien que el pecado conlleva la muerte espiritual, no que la muerte o el mal (que ya estaban allí al menos con la serpiente) surgen “ese día”. De hecho, asumir que los primeros humanos fueron creados inmortales físicamente es otra de las ideas preconcebidas que solemos imponer a la narración. Pero La Biblia tampoco afirma que Adán y Eva fueran creados inmortales. No parece al menos que esto fuera lo que el relato quisiera destacar.

Las enseñanzas bíblicas son a menudo múltiples y profundas, de varias capas. Como ya explicamos en otro artículo, Génesis es una rotunda respuesta a las conocidas cosmogonías que dominaban la antigüedad. Aquellos mitos establecían el propósito y la identidad de los pueblos desde la explotación y el miedo a los dioses. Y esto es algo contra lo que se levanta Génesis.

Árboles, vida e inmortalidad

En el Egipto del que Israel vino, los dioses Isis y Osiris surgen del árbol en el que se encerraba la vida y la muerte. Un árbol es también protagonista esencial en la epopeya acadia de Gilgamesh acerca de la búsqueda de la inmortalidad, una historia bien conocida por los hebreos que recibieron el Génesis. Los árboles de la vida eran comunes en metáforas que establecían el sentido de la vida de forma absoluta.

Pero entonces… ¿La Biblia “copia” relatos antiguos de sus vecinos? ¡No! Pensar esto es un error común que ignora lo más importante de la intención del autor: La revelación transgresora de Génesis se manifiesta en las escandalosas diferencias con las que responde a los fundamentos ideológicos de las cosmovisiones paganas. El árbol de la vida, el río, el jardín… son elementos pedagógicos sublimes que infravaloramos desde nuestra ignorancia y supremacía cultural moderna. Pero debemos acercarnos al texto desde las claves que los autores y receptores originales entendían ¡No desde las nuestras! Y en este caso Génesis revela un propósito dignificador y liberador sin precedentes en la historia. Cada versículo es un perfume concentrado de varios niveles.

Siguiendo con el árbol en Génesis, y tras comer del fruto prohibido,Dios dijo: aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre” (Gn. 3, 22).

Hasta el momento no había aparecido este segundo árbol de la inmortalidad en el que se podría estar contestando a los mitos idolátricos mencionados para dejar claro que la inmortalidad solo le corresponde a Yavé y que buscarla es una quimera. Fijémonos también que Génesis 3, 22 parece dar a entender que tampoco el ser humano dispuso de esa inmortalidad en algún momento. Conocidos apologetas como William Lane Craig se percata de que la descripción de este árbol da por hecho que Adán y Eva fueron creados mortales.

En cualquier caso, el punto esencial de Génesis es hacia dónde va la humanidad y las consecuencias del pecado que ya están desde el principio entre nosotros. No parece que la pretensión fuese revelar un origen biológico o necesariamente histórico desde criterios occidentales modernos.

Los nombres

Toda traducción pierde enseñanzas derivadas del lenguaje y cultura originales. En este caso Adán significa literalmente “humanidad” (y así se traduce en otras partes del Antiguo Testamento). Eva es “vida” y Abel “hebel”, que significa vanidad, neblina, vapor, vaho… Hebel se usa en Eclesiastés para afirmar que la vida es “vanidad de vanidades”. Según el profesor de Antiguo Testamento, Matthew Richard, el vocablo hebreo para Caín apunta a algún tipo de arma que podría ser “lanza”. Richard observa que mientras en nuestro idioma nos llevamos la idea de que “Adán y Eva viven en el Edén hasta que son expulsados fuera, donde Caín mata a Abel”… el lector hebreo original captaría una lectura mucho más profunda en la que “la Humanidad y la Vida están en el Paraíso hasta que son expulsados fuera, donde la lanza mata al Aliento fugaz [4]”.

Como vemos, el texto original invita a una comprensión simbólica de la condición humana, algo común en la pedagogía antigua. Es curioso además que cuando Jesús se refiere al origen de los humanos lo hace como varón y hembra, no por sus nombres propios de Adán y Eva como sí hace Jesús al referirse a Abraham, Moisés o los otros personajes del Antiguo Testamento ¿Quizás para resaltar ese carácter representativo de la humanidad?

En cualquier caso, cuando Jesús o un apóstol citan a la primera mujer, a Noé o  a cualquier otro personaje, la enseñanza espiritual es la misma para quienes son literalistas y para quienes no lo son. Y por eso toda La Biblia es verdad, desde Génesis hasta el Apocalipsis con sus simbólicas bestias de varias cabezas saliendo del mar. Como dice Anthony de Mello, si la historia de la gallina de los huevos de oro estuviese en la Biblia, los cristianos pasarían más tiempo discutiendo sobre cómo Dios hizo que una gallina pusiera huevos de oro que aplicando sus lecciones sobre la avaricia y sus consecuencias.

A modo de resumen, y como Marcos Abbott señala, “leído sin influencia externa, 1.Génesis no afirma que los primeros humanos fueran creados inmortales, ni que la muerte entrara en el mundo después y a consecuencia de su transgresión. 2. Tampoco retrata a los primeros humanos en un estado de madurez espiritual y perfección moral. 3. En su contexto inmediato, Gn. 3 no presenta la transgresión del hombre y la mujer como un acto que infectara a toda la humanidad posterior [5]”.   

Tras cuestionarnos la interpretación del creacionismo instantáneo pasemos al análisis de las palabras de Pablo respecto al pecado de Adán, aquellos textos que más problemas ofrecen para aceptar una evolución humana dirigida por Dios.

El origen de la doctrina del “pecado original

Algunas de las primeras interpretaciones que señalaban una herencia imputada del pecado de Adán a todos los humanos fueron del siglo II, con Ireneo a la cabeza, aunque curiosamente este no solían citar La Biblia sino que más bien apelaba a la filosofía.​

Sin embargo, no todos los cristianos han interpretado del mismo modo las palabras de Pablo sobre Adán. Ni mucho menos. “Hasta el período de Agustín, el Oriente cristiano no tiene el concepto propio de un pecado original que afecte a toda la humanidad, pero mantiene con vigor que la humanidad está en una situación de separación de Dios [6]”. Efectivamente, sería Agustín de Hipona (354-430) quien desarrollaría lo que luego se convirtió en dogma influyendo determinantemente en nuestra Iglesia​ occidental tras siglos de censuras para los disidentes. Lutero, que fue agustino, no se preocupó en exceso sobre esta cuestión y también mantuvo el dogma.

Pero muchos teólogos creen que Agustín fue demasiado lejos con su doctrina del pecado original por querer frenar el dualismo de las potentes corrientes gnósticas de su tiempo que separaban lo espiritual de lo corporal. Otro elemento clave en Agustín fue su fuerte lucha personal con la sexualidad. Él concluyó que el pecado original se transmite por concupiscencia en la concepción de hijos durante las relaciones sexuales y que el sexo, incluso dentro del matrimonio ¡Era algo malo! Así que esta idea tan negativa y distorsionada del sexo también pudo haber influido en la elaboración de su doctrina del pecado original.

Hoy existen millones de cristianos que ven el asunto de manera diferente fuera del catolicismo. “La Iglesia Oriental a diferencia de la Occidental, nunca habla del paso de la culpabilidad de Adán y Eva a su prole, como hizo Agustín. Al contrario, se considera cada individuo responsable sólo por la culpa de sus propios pecados  [7]”.

Al igual que ocurría en el Antiguo Testamento, muchos judíos actuales tampoco ven imputación condenatoria del pecado concreto de Adán. “Las corrientes renovadoras dentro del judaísmo interpretan la caída como el primer acto de libre albedrío del hombre, y la consideran como parte del plan divino, puesto que la falta representaría la admisión de la responsabilidad. En otras palabras, […] la caída sería una elaborada alegoría del pasaje a la adultez y la autonomía [8]”.

En la literatura extra bíblica más popular de tiempos del Nuevo Testamento (s. II a. C-II d. C.) las interpretaciones judías al respecto eran variopintas. De hecho, es este periodo cuando se comienza a hablar por primera vez del tema desde libros como 2ª de Baruc, 2ª de Esdras, La Vida de Adán y Eva, o las citas de Filón. Estos datos nos ayudan a situar las alusiones de Pablo en el marco de los debates de su tiempo.

Una vez que la doctrina se instauró surgirían cuestiones teológicas enrevesadas como consecuencia del dogma. Por ejemplo: Si Jesús no tuvo pecado y al mismo tiempo recibió el ADN “adánico” de su madre ¿Cómo se concilian santidad plena (como Dios) y pecado imputado (como humano)? La Iglesia Católica trató de solucionar el conflicto con la doctrina de la inmaculada concepción de María, sin pecado concebida ¿Pero cómo lo solucionan los protestantes que creen en el dogma?

Otro problema para la coherencia bíblica lo encontramos en que Eva fue el primer humano en pecar, no Adán (1ª Timoteo 2, 14). Este sería otro motivo para no leer dogmáticamente a Pablo y sí hacerlo desde el concepto figurativo de Adán=humanidad como ya hizo Génesis 5, 2 al afirmar que Dios «los llamó (al varón y a la mujer) Adán el día en que fueron creados”. Como vemos, es ya el mismo Génesis donde Eva es considerada Adán desde un uso prototípico de la humanidad.

¿Condenados por el pecado de Adán? … ¿O por los nuestros?

La supuesta imputación universal del pecado de Adán fue algo impensable a lo largo de todo el Antiguo Testamento. Las innumerables explicaciones para la limpieza del pecado, el templo, la ley, los ritos… ignoran completamente cualquier imputación o culpa heredada de Adán ¿No es llamativo que no se diga nada en el Antiguo Testamento? Porque una cosa es una revelación progresiva y otra diferente (para los creyentes) es que se ignore por completo el supuesto epicentro del problema humano para su reconciliación con Dios. Más aún cuando esta omisión plena ocurre durante toda la colección de libros que recogen dicha caída y en cuyo contexto inmediato (Gn. 1-3) tampoco se presenta la caída como un acto de infección a toda la humanidad posterior.

El término “pecado” no aparece en La Biblia hasta el capítulo 4 de Génesis con Caín y Abel. Curiosamente, y lejos de apelar a la supuesta culpa heredada de Adán, el pecado es algo que “está acechando en la puerta” y que “no obstante, tú puedes dominarlo” (4, 7). Esta primera descripción bíblica del pecado armoniza con el resto del Antiguo Testamento en el que el Israel de la alianza no se presenta como incapaz de agradar a Dios. No. La ley y los profetas asumen  la posibilidad de agradar al Señor, de ser justos y rectos mediante la obediencia a La ley. Israel no está nunca anulado ni condenado por el pecado de Adán.

Ciertamente, durante un tiempo algunos pensaban que el pecado de los padres se heredaba durante varias generaciones. Hasta la cuarta se llega a concretar (Ex. 20, 5; 34, 7). Pero incluso en estos textos tampoco se señala a Adán y Eva como culpables. Nunca. No obstante, serían las propias Escrituras quienes finalmente zanjarían el asunto contundentemente afirmando que cada uno paga por sus propios pecados, no por herencia de ningún tipo:

Dios también me dijo: «Los israelitas repiten a todas horas ese refrán que dice: “Los padres la hacen, y los hijos la pagan”. Pero yo me pregunto por qué lo repiten. Porque yo les aseguro que ese refrán no volverá a repetirse en Israel. La vida de todo ser humano me pertenece, tanto la de los padres como la de los hijos. Sólo morirá aquel que peque. […] Ni el hijo tiene que ser castigado por los pecados del padre, ni el padre tiene que ser castigado por los pecados del hijo. Sólo morirá la persona que peque. Quien haga lo bueno recibirá lo que merecen sus buenas acciones; quien haga lo malo recibirá lo que merece su maldad(Ezequiel 18: 2-4; 20 (TLA). Ver también: Isaías 53, 6. Génesis 6, 5-7; 6, 21.)

A pesar de todo, el debate de la culpabilidad heredada seguiría aún abierto entre los judíos durante el siglo I. Esto se observa cuando a Jesús le preguntan: “Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, quién pecó, él o sus padres? ―Ni él pecó, ni sus padres — respondió Jesús” (Juan 9, 2-3).

Luego en línea con Ezequiel, autores como Santiago vincularían la muerte espiritual a las acciones pecaminosas propias: “Cada uno es incitado a pecar por su propia avidez, que lo arrastra y lo seduce. Después la avidez concibe y da a luz al pecado, y el pecado, una vez consumado, origina la muerte” (St. 1, 14-15).

Los niños fallecidos

Desde otro argumento para cuestionarnos el dogma de San Agustín, no podemos obviar la cuestión de los niños que mueren: “Dejad a los niños venir a mí, y no se los impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos” (Mateo 19, 14).

Si el pecado original solo puede ser quitado por la fe en Cristo (opción 1), los niños que mueren estarían condenados. Pero si creemos que los infantes son salvados por cualquier otra acción divina que no sea la fe (opción 2) -a causa de su inocencia u otro elemento de gracia externo a su limitada o inexistente voluntad-, entonces se invalida el poder absoluto de la “marca genética” borrable únicamente por la fe en Jesús. Y fue precisamente refiriéndose al pecado de los niños cuando Agustín formula la popular (y no bíblica) expresión: “pecado original”. Él dice: “¿Redimidos de qué…? Como a esa edad no han cometido ningún [pecado] en el curso de su vida personal, no queda más que el pecado original [9]”.

La mayoría de los cristianos creemos que los niños no son condenados y que también existe un perdón acorde a la conciencia para aquellos adultos que no escucharon de Cristo tal y como Pablo expone en Romanos 2. Algunos suman otras circunstancias eximentes de condena como determinadas incapacidades mentales. Así que para quienes creen que la gracia de Dios salva de este modo… ¿No sería más coherente rechazar el dogma y abrirnos un posible Adán prototípico en Pablo?

Romanos 5, 12. Un texto difícil… y de esperanza

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un humano (“antropos”, genérico para ser humano), y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron…”  (Romanos 5, 12 RV60)

En primer lugar, debemos admitir la complejidad de este pasaje (Ro. 5, 12-21) del que el comentarista conservador William Barclay dice:

No hay pasaje en todo el Nuevo Testamento que haya tenido más influencia en la teología que éste; ni que sea más difícil de entender para la mentalidad moderna. Es difícil, porque Pablo se expresa con dificultad. Notamos, por ejemplo, que la primera frase no termina, sino que se interrumpe a mitad del camino mientras Pablo persigue otra idea por otra vía. Y además, es que Pablo está pensando y expresándose en términos que eran corrientes y claros para los judíos de su tiempo, pero no para nosotros. Si hubiéramos de encerrar el pensamiento de este pasaje en una sola frase escogeríamos la que Pablo pone al principio e interrumpe después: «Por el pecado de Adán toda la raza humana quedó contaminada de pecado y separada de Dios; pero por la justicia de Jesucristo toda la humanidad adquiere la justicia y vuelve a estar en la debida relación con Dios»[10]

Como resume Barclay, la preocupación de Pablo en este discurso es que la muerte espiritual ha llegado a “todos”, desde Adán. Este “todos”, por cierto, tampoco pudo ser entendido de forma absoluta por todo el auditorio ya que muchos judíos (quizás Pablo entre ellos) creían que personajes como Enoc o Elías no vieron la muerte física (Ge. 5, 18-24; 2 Re. 2, 11; He. 11, 5).

Peter Enns observa que la desobediencia de Adán en Pablo tiene implicaciones universales: Adán trajo la muerte a «todos». Pero entonces ¿Qué significa que Jesús vino a dar vida a «todos»? Si asumimos que Pablo no pretende exponer una salvación universal… ¿No sería, entonces, mejor decir que Jesús trajo vida a «todos los que creen«? Bien. Seguramente el mismo apóstol era consciente de que su paralelismo entre Pablo y Adán no es del todo preciso, quizás porque no buscaba precisión teológica sino una idea más general como decimos. Y es que Pablo está escribiendo su carta y dice «muchos» (vs. 15 y 19) en lugar del anterior «todos«. Es como que retrocede un poco para decir… «Bueno, no “todos” como dije…”.

Pero a pesar de esta ligereza de redacción, la teología de Pablo sigue intacta si entendemos que él pretende destacar el problema del pecado humano que solo Cristo arregla. Como Enns señala, en Cristo toda la creación comienza de nuevo como punto de partida para la teología de Pablo. Esta idea no implica que el pecado se hereda sino que tras entrar por Adán se convirtió en un poder universal dominante en judíos y gentiles. En este sentido sí existiría un “pecado original”, pero no como condena de todo humano por causa del error concreto de un primer individuo necesariamente histórico.

Juan Caballero aporta una importante observación en Romanos 5, 12: “En general, los exégetas modernos han dejado de lado la traducción de έφ’ ω como in quo, y que está en la base de la interpretación que san Agustín dio de este versículo: «en el que (Adán) todos pecaron»[11]. Hoy día, la tendencia general es darle a esta expresión un valor causal, y traducirla como «porque». [..] «por cuanto», «puesto que», «ya que», y que así es como la habían interpretado siempre los griegos. Como consecuencia, Pablo estaría afirolando aquí una causalidad de los pecados personales en la muerte eterna de todos los hombres […] El Apóstol, dice Penna, no está interesado ni en precisar cómo se transmite el pecado de Adán ni en hacer disquisiciones sobre la naturaleza de la libertad humana, sino en afirmar el hecho de que en las acciones pecaminosas de los hombres (el verbo ήμαρτον remite a hechos más que a un estado) de algún modo sale a la luz, como de una corriente subterránea, y pulula de nuevo, el antiguo pecado de Adán [12]”.

Estas aclaraciones de Cabalero son importantes porque San Agustín no dominaba el griego. Ni mucho menos. Realmente es sorprendente que una doctrina tan determinante fuese elaborada a partir de la interpretación de un texto en griego extremadamente complejo por ¡Quien no sabía griego!

Como estamos viendo, la coherencia bíblica se mantiene asumiendo la representatividad en Romanos 5, 18 y en las otras alusiones de Pablo a Adán como la siguiente:

1ª Corintios 15, 21-22

Por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados

La idea de Corintios vuelve a ser básicamente la ya comentada. Marcos Abbott cita a Gordon Fee para señalar que “el interés es en última instancia teológico; lo que le interesa aquí a Pablo no es solamente la muerte de los individuos, sino la muerte misma en tanto que enemigo final de Dios y de sus designios soberanos en el universo [13]¡Buen resumen! Luego en Romanos 1,18 y 3, 20 se dice que tanto los paganos como los judíos son pecadores y que necesitan una salvación que no es solo para los hijos de Abraham sino también para los de Adán ¡Para toda la humanidad! El pecado es un problema universal, no algo específico de los hebreos. Este énfasis da aún más sentido a por qué esta alusión a Adán y el pecado humano nunca aparece en escritos bíblicos dirigidos explícitamente a judíos.

En los capítulos del 1 al 3 de Romanos el problema universal del pecado se expone con más detalle, de nuevo, sin ninguna referencia a Adán. Y no hace falta, pues a donde Pablo quiere llegar es a quetodos pecamos…. Así lo dice Pablo en 15 de sus 17 epístolas en las que no dice nada de Adán para argumentar el  problema universal del pecado. Pero si realmente existiera una imputación directa de Adán como San Agustín interpretó ¿Iría Pablo a dejar de mencionar el epicentro de nuestro problema en casi todas sus cartas a sus recién nacidas congregaciones? Y, por cierto, Jesús habló mucho de librarnos del pecado ¡Pero nunca dijo nada revertir nuestra supuesta condena imputada por haber comido Adán del fruto! Seguramente, y como al resto de judíos que leían el Antiguo Testamento, no se le pasaría semejante idea por la mente.

Creemos que fue un error de la tradición y de San Agustín forzar el paralelismo entre Cristo y Adán más de la cuenta. Tampoco debemos ser ingenuos e ignorar que detrás de los dogmas ganadores influían intereses de control de las jerarquías religiosas. Qué duda cabe que nacer ya condenados genera miedo en los fieles y la necesidad de obediencia plena a un poder religioso encargado de ofrecer soluciones para tan terrible situación. Evidentemente, el dogma del pecado original (independientemente de su falta de solidez bíblica) era extremadamente conveniente para los intereses de las jerarquías oficiales.

Dos preguntas más…

1)   «Si Jesús fue un personaje histórico ¿Adán también debió serlo al ser citado juntos?»

Pablo conecta con su auditorio desde aquello que todos conocen, incluyendo citas ajenas a nuestro Antiguo Testamento para ilustrar sus argumentos. En Hechos 14 Pablo cita a filósofos griegos como Pausanias o Filóstrato para sostener la veracidad de su discurso. Pero si mañana se descubriese que Filóstrato no existió (Pablo realmente no pudo corroborar esto), la enseñanza inspirada que Pablo quiso transmitir seguiría intacta independientemente de la historicidad del filósofo citado ¿No es cierto?

Algo similar ocurre cuando Judas (vs. 14-15) cita un párrafo del libro de Enoc que no está en nuestras Biblias. Dicha mención no convierte en históricos a todos los otros personajes del libro de Enoc ni a sus extravagantes narraciones. Pablo mismo usa elementos creativos que incluyen la personificación, como cuando del antiguo Israel dice que “bebieron de la roca, que era Cristo” (1 Co. 10, 4). Y aquí nadie entiende (eso esperamos) que Cristo estuvo allí históricamente con forma de roca a pesar de ser citado así junto a Moisés (v. 2). El lenguaje figurativo o representativo era común en la narrativa hebrea siendo a menudo más pedagógico que el literal. Por tanto, asumir que “ya que Pablo se refiere a Jesús, que fue un individuo histórico… Adán también debió serlo”…  no es un precepto narrativo. Ni mucho menos.

2)   «¿Creía Pablo en Adán como un personaje histórico?»

Los autores del Nuevo Testamento se refieren a los personajes veterotestamentarios (y extra bíblicos) tal y como los asumían la cultura de su tiempo. Ellos probablemente pensarían que sí fueron personajes históricos del mismo modo en el que muchos asumían que el Cosmos tenía tres estratos (Fil. 2, 10-11) o que la esclavitud era un sistema social natural, sin alternativa (Co. 3, 22; Ef. 6, 5-9; 1ª P. 2, 18). Pero la revelación inspirada no radica en estas asunciones culturales. Si Pablo creía que Adán fue un personaje histórico real (tampoco sabemos si así lo pensaba) esto no sería una prueba de la historicidad de Adán porque la intención de Pablo no es antropológica ni genetista sino proporcionar enseñanzas espirituales acerca del pecado y la salvación desde el lenguaje y cosmovisión de sus oyentes ¿De qué otro modo iba a hacerlo? Las exigencias 100% historicistas para exigir que el texto sea “verdad” es solo una imposición de nuestra modernidad como ya explicamos.

Conclusión

Adán y Eva como analogía del ser humano, primeramente del pueblo hebreo

Hoy solemos acercarnos a La Biblia de forma muy individualista: “A ver qué me dice Dios a mí…”. Pero Las Escrituras se elaboraron para un pueblo (Antiguo Testamento) y para comunidades (Nuevo). De ahí la importancia de la colectividad y de Adán y Eva como analogía de Israel. El relato de La creación tuvo un sentido extraordinario como respuesta a la crisis de identidad que provocó la cautividad babilónica. Cuando Israel lee Génesis ellos perciben la expulsión del Edén como una analogía de su propia historia de fracaso que desemboca en la expulsión de la tierra prometida tras romper su alianza con Dios. Del mismo modo, volver al pacto y salir de aquella Babilonia de confusión se convierte en su esperanza (Ver video).

Todos los humanos (Adán = Humanidad) pecamos, una realidad comprobable cada día. Esto es algo que no cambia si hubo (o no) evolución de las especies o si Adán fue (o no) un personaje literario para representar a la humanidad. Haya evolución, o no, La Biblia manifiesta un profundo sentido prototípico cuando incluye a Adán en las genealogías o cuando presenta a Eva como el origen de la promesa de la simiente que aplastará a la serpiente del engaño.

La salvación es una historia “de y para” la humanidad. Dios crea a la persona en particular, y viceversa, en cada individuo crea a la humanidad. Todos estamos interrelacionados, también en nuestra condición pecadora desde Adán y Eva. Dios nos crea para esa colectividad que nuestro individualismo nos hace minusvalorar. Todos nuestros actos personales son actos de la humanidad y le afectan a ella. Del mismo modo, la vida de Cristo, su muerte y resurrección, afecta a la humanidad y a cada persona. La responsabilidad compartida nos ayuda a entender mejor el sentido del Adán citado por Pablo.

Dios hizo el misterio como parte de la vida, un motivo de sobrecogimiento y fascinación. No tenemos todas las respuestas, aunque sí sabemos que todos pecamos y que necesitamos Su gracia. El asunto de un Adán histórico versus Adán prototípico se ha discutido y se seguirá discutiendo. Nuestras explicaciones en este asunto siempre serán incompletas y debatibles. Pero podemos creer en la inspiración bíblica y en la evolución de las especies como un hecho ¡Sin duda! Esto debería traer paz al cristiano evolucionista así como reforzar el diálogo y la convivencia tolerante dentro de la iglesia. Nuestra interpretación teológica siempre será humana, condicionada por múltiples factores, y no siempre coincidirá con la palabra última de Dios.

Dar cabida a un Adán no necesariamente histórico también fortalecerá la evangelización, la fe y el discipulado de una mayoría que no tiene dudas acerca del hecho evolutivo. Hay cosas que probablemente nunca sepamos en cuanto a qué sucedió exactamente en el pasado. La falta de certezas respecto al otro lado del espejo oscuro que es la vida también es motivo de adoración. En cualquier caso, el evangelio que transforma al mundo revela que «el primer hombre vino del polvo de la tierra; el segundo de El cielo” (1ª Co. 15, 47). Y Pablo se esfuerza para hacernos entender lo esencial de esta verdad definitiva. En Cristo hay salvación.

[1] Daniel C. Harlow, Después de Adán : leer el Génesis en la era de la ciencia evolutiva, Revista Alétheia de la Comisión de Teología de la Alianza Evangélica Española, 2012

[2] Karl Barth, Dogmática eclesial, vol. 3, pt. 1:82

[3] Denis O. Lamoureux, ¿Fue Adán una persona real?, 2015 (2010 en inglés), Documento Biologos  publicado por el Centro de Ciencia y fe

[4] Matthew Richard Schilmm, Esta Extraña y sagrada escritura, Juanuno1, 2021, pp. 41-22

[5] Marcos Abbott, Adán en Pablo: Una lectura intertextual, Facultad SEUT, Nº 15, Vol. 1, 2000

[6] Citado por Bernard Sesboüé y  traducido del francés por José Pedro Tosaus Abadía en: El Pecado original: ¿Un código de falibilidad? , Revista Internacional de Teología Concilum, Editorial Verbo divino, febrero 20024, nº 304, p. 14

[7] https://ocamexico.org/ancestraloriginal

[8] Wikipedia: Pecado original/Enciclopedia sobre judaísmo

[9] Agustín, De poena et remissione peccatorum [Sobre la pena y la remisión de los pecados], I,26; PL 44, 131; Vivès 30, pp. 31-32

[10] William Barclay, Comentario Al Nuevo Testamento, Clie, 2008

[11] Cfr. Lozano, a., Romanos 5, 183-186 y 188-189.

[12] Juan Luis Caballero (U. Navarra), Rm 5, 1 2 y el pecado original en la exégesis católica reciente. Penna, r., Romani, I, 455-456. Cfr. Pitta, A., Romani, 234. Citado por  Juan Luis Caballero, Rm 5, 1 2 y el pecado original en la exégesis católica reciente, SCRIPTATHEOLOGICA/VOL. 46/2014/ 121-140 ISSN 0036-9764. P. 130, 131 y 133

[13] Op. Cit.

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