martes, diciembre 7, 2021

Si hubo evolución… ¿Qué hacemos con Adán? ¿Qué del pecado original?

Cada vez menos cristianos tienen problemas para decantarse por una lectura no literal  de los dos primeros capítulos de Génesis asumiendo la teoría de la evolución como un hecho.

Sin embargo, existe un mayor conflicto con las palabras de apóstol Pablo acerca del pecado de Adán y sus consecuencias. Aquí surgen preguntas como: ¿Pudiera ser Adán una persona histórica? Y si no lo fue: ¿Qué sentido teológico tendrían las menciones de Pablo a Adán? ¿Qué ocurre entonces con el llamado «pecado original»?

Daniel C. Harlow expone 5 formas básicas de considerar a Adán y Eva[1] (Ver imagen). Algunas de las posturas llamadas “concordistas” son asumidas por cristianos conocidos como Timothy Keller que entienden la evolución como un hecho a la par que creen en Adán y Eva como personas reales históricas. A priori, las posturas concordistas tratarían de resolver algunos problemas de encaje entre Biblia y ciencia evolutiva. Pero también crean otros.

Algunos exégetas rechazan las propuestas concordistas (y creacionistas) argumentando que se tratan de proyecciones de necesidades más modernas que, por tanto, se alejan de la intención original del escritor obligando al relato a ser comprendido desde premisas occidentales más actuales para hacerlo concordar con la ciencia actual. Según estos autores, un claro defecto del concordismo es la inestabilidad para la fe que supone el depender de los descubrimientos científicos de cada tiempo para poder reajustar correctamente la historicidad del mensaje bíblico.

Poniéndonos un poco dramáticos, el concordismo y especialmente el creacionismo hacen que los cristianos se acuesten con la inquietud de que a la mañana siguiente un nuevo descubrimiento científico ponga en jaque la “inmutabilidad” de La Biblia tal y como se la enseñaron en la Iglesia.

Usando palabras de Karl Barth, la critica a considerar Adán como una persona concreta se basaría en que “la idea de que la Biblia declara la Palabra de Dios solo cuando habla históricamente es una idea que debe abandonarse […] La presunta equiparación de la Palabra de Dios con un registro “histórico” es un postulado inadmisible que no se origina en la Biblia en absoluto, sino en el infortunado hábito del pensamiento occidental que asume que la realidad de una [narración] se mantiene o cae según sea “historia” o no [2]”.

En el artículo referenciado “¿Pretende Génesis 1 y 2 ser leído literalmente? ya expusimos por qué ni la revelación científica o la plena historicidad parecen ser intenciones del autor bíblico. Más bien trataría de otorgar propósito e identidad a Israel sin pretensiones científicas ni estrictamente historicistas.

Siguiendo esta línea, las explicaciones del presente artículo consideran la verdad de la inspiración de La Biblia y a Adán como posible figura literaria prototípica o representativa de la humanidad, no como una persona necesariamente histórica.

Problemas morales de la evolución… similares a otros ya asumidos

Dicho esto, unos de los problemas comunes del cristiano para aceptar la evolución son cuestiones morales tipo: ¿Cómo un Dios bueno pudo haber dado lugar a la violencia y el enorme tiempo que propone la teoría evolutiva? ¿Por qué y para qué?

Bien. No tenemos todas las respuestas, pero sí sabemos que el resto de preguntas acerca del sufrimiento son igual de complejas haya habido, o no, evolución… ¿Por qué un niño sufre una enfermedad degenerativa? ¿Y qué de tantas culturas sufriendo violencia por milenios y sin saber nada de Jesús? ¿Qué de la angustia de la madre a quien le secuestran un hijo que pasa el resto de su vida sin saber qué pasó?  Los problemas morales de la teoría evolutiva son dramáticos y reales. Pero con la misma honestidad admitamos que el resto de preguntas sobre el sufrimiento son también difíciles y misteriosas. Algunas de las respuestas al problema del sufrimiento pasan por nuestro llamado a adelantar su Reino y por ser parte de la solución. También por la confianza en que un día todo mal terminará y que, a pesar de todo, hoy percibimos la bondad y gracia de Dios. Los cristianos, evolucionistas o no, aceptamos el misterio y decidimos confiar en Dios aunque no tengamos las respuestas en asuntos difíciles.

“Y vio Dios que todo era bueno”

Dentro de estos problemas éticos a muchos no les encaja que el duro proceso evolutivo lleve a decir a Dios “que todo era bueno” (Gn. 1, 31). Sin embargo, aquí el término hebreo no es un “bueno” que implique una total ausencia de sufrimiento o incluso maldad. La mayor prueba de esto es que ya desde el principio existía una maléfica serpiente engañadora. Su presencia poco tenía de “bueno” en un sentido moral. El Dr. Alister McGrath nos comentó que ya San Agustín diría que ese “todo era bueno” se refería más bien a que todo seguía su cauce establecido, no a la ausencia absoluta de problemas morales que a menudo proyectamos a esta expresión. La idea de este “era bueno” sería similar al sentido de aquellos testimonios en los que –por ejemplo- una enfermedad o tragedia cambia nuestra perspectiva de la vida para bien. ¿O acaso dejamos de decir que “Dios es bueno” cuando experimentamos sufrimiento?

Y si de problemas morales hablamos, el literalismo más bien añade los suyos propios. Y no son pocos. Por ejemplo: ¿Qué hay del incesto entre los hijos de Adán y Eva que en Levítico 18 se define como “abominación”? Dios pudo haber planificado la reproducción humana inicial de otro modo ¡Por supuesto! Pero desde las interpretaciones literalistas nos preguntamos “¿Cómo puede ser abominable el diseño original de Dios?” Sin embargo, nos quitamos estos extraños problemas si optamos por una interpretación más simbólica.

Otros argumentos para una interpretación no literalista:

¿Muerte espiritual o física?

Denis O. Lamoureux[3] señala otros aspectos para no ser literalistas. Uno de ellos es que Dios le dijo a la primera pareja que “el día que comieres morirás” (Gn. 2, 17) cuando, sin embargo, ellos no mueren físicamente ese día sino que engendran hijos y viven muchos años más. En este punto Adán y Eva tampoco se preguntan: “¿Y qué es eso de “morir” que parece tan importante?” No. El relato sobreentiende que ellos ya conocían qué es la muerte. El mensaje es que el pecado trae la muerte espiritual, no que la muerte o el mal (que ya estaba allí con la serpiente) suceden “ese día”. De hecho, asumir que los primeros humanos fueron creados inmortales físicamente es una idea preconcebida que imponemos a la narración. Pero La Biblia no dice realmente que Adán y Eva fueran creados inmortales.

Las enseñanzas en La Biblia son a menudo múltiples y profundas, compuestas de varias capas. No olvidemos, como ya explicamos en otro artículo, que Génesis es una respuesta inspirada a las conocidas cosmogonías que dominaban la antigüedad y que pretendían exponer el propósito e identidad de los pueblos.

En el Egipto del que Israel vino, Isis y Osiris surgen del árbol “en el que se encerraba la vida y la muerte«. Un árbol también aparece entre los Asirios y juega un papel esencial en la epopeya acadia de Gilgamesh en la que se busca la inmortalidad, una historia anterior conocida por los hebreos. Los árboles de la vida eran comunes en estas metáforas explicativas.

Pero entonces… ¿La Biblia “copia” relatos antiguos de sus vecinos? ¡No! Pensar esto es un error común que ignora lo más importante y es que la diferencia radica en las escandalosas diferencias (valga la redundancia) con las que Génesis responde a los elementos simbólicos revelando un propósito dignificador y liberador sin igual.

Siguiendo con el asunto del árbol, y tras comer del fruto prohibidoDios dijo: aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre” (Gn. 3, 22).

Hasta ese momento del relato no había aparecido en Génesis este segundo árbol de la inmortalidad en el que –conociendo el contexto- Dios estaría contestando a los mitos idolátricos revelando que la inmortalidad solo le corresponde a Él y que buscarla es una quimera. El texto no solo rechaza que el ser humano tenga inmortalidad sino que incluso da a entender que tampoco la tuvo en algún momento.

Los nombres

Toda traducción nos hace perder enseñanzas interesantes del lenguaje y cultura originales. Más aún desde el hebreo antiguo en el que Adán significa literalmente “humanidad” (y así se traduce en otras partes del Antiguo Testamento), Eva es “vida” y Abel “hebel”, que significa vanidad, neblina, vapor, vaho… Hebel se usa en Eclesiastés para afirmar que la vida es “vanidad de vanidades”. Según el prestigioso profesor de Antiguo Testamento, Matthew Richard, el término para Caín apunta a algún tipo de arma que podría ser “lanza”. Richard observa que mientras en nuestro idioma leemos que “Adán y Eva viven en el Edén hasta que son expulsados fuera, donde Caín mata a Abel”… el lector hebreo original captaría ante todo una lectura en la que “la Humanidad y la Vida que están en el Paraíso hasta que son expulsados fuera, donde la lanza mata al Aliento fugaz[4]”.

Como vemos, en el texto original más bien se invita a una comprensión de enseñanzas representativas acerca de la condición humana, algo muy común en la literatura antigua. Es curioso además que cuando Jesús se refiere al origen de los humanos lo hace como varón y hembra, no como Adán y Eva ¿Quizás para resaltar ese carácter representativo?

Tras algunos ejemplos de deconstrucción de la lectura del creacionismo instantáneo pasemos a los textos de Pablo respecto al pecado de Adán que más problemas teológicos ofrecen a algunos creyentes.

¿Somos condenados por el pecado de un Adán necesariamente histórico?

Enfoques bíblicos coherentes y en diálogo

¿Cómo surgió la doctrina del “pecado original” de Adán imputado a todos nosotros? En primer lugar, debemos saber que no todos los cristianos bíblicos han interpretado del mismo modo las palabras de Pablo sobre Adán. Ni mucho menos. Tras siglos de dogmas, concilios y castigos se han censurado acercamientos al texto muy interesantes. Algunas de las primeras interpretaciones que señalaban una herencia genética del pecado fueron del siglo II, con Ireneo a la cabeza (aunque no solían citar La Biblia y más bien apelaba a la filosofía).​ Sin embargo, “hasta el período de Agustín, el Oriente cristiano no tiene el concepto propio de un pecado original que afecte a toda la humanidad, pero mantiene con vigor que la humanidad está en una situación de separación de Dios[5]”. Efectivamente, sería Agustín de Hipona (354-430) quien desarrollaría lo que pasó a convertirse en dogma influyendo determinantemente en la historia de la Iglesia​ occidental. Lutero, como agustino que era, no revisó este dogma (ni otros muchos asuntos).

Algunos historiadores consultados creen que Agustín fue demasiado lejos con el alcance de su doctrina del pecado original debido a que quiso frenar a toda costa el dualismo de las potentes corrientes gnósticas que por entonces pretendían separar lo espiritual de lo corporal. Un elemento clave en Agustín fue su fuerte lucha personal con el sexo, concluyendo que el pecado original se transmite por concupiscencia en la concepción de hijos durante las relaciones sexuales. Para San Agustín, el sexo incluso dentro del matrimonio era algo malo ¡Qué importante es conocer el origen y los porqués de las doctrinas!

Por otro lado, como Jesús no tuvo pecado al mismo tiempo que porta el ADN “adánico” de María (por usar en términos actuales), la Iglesia Católica trataría de solucionar este problema del pecado transmitido genéticamente con la doctrina de la inmaculada concepción de María, sin pecado concebida. Pero… ¿Cómo lo solucionan los protestantes que también creen en la marca humana del pecado de Adán en un Jesús 100% hombre? ¿Es posible entonces que la doctrina no deba ser vista tan rígidamente? Bueno, esto es ya otra historia que nos llevarían a otras cuestiones.

Sin embargo, en la vertiente oriental del mundo, hay cientos de millones de cristianos que ven el asunto de manera diferente a la dominante en nuestro occidente. “La Iglesia Oriental a diferencia de la Occidental, nunca habla del paso de la culpabilidad de Adán y Eva a su prole, como hizo Agustín. Al contrario, se considera cada individuo responsable sólo por la culpa de sus propios pecados. La pregunta se vuelve, “¿En qué, pues, consiste la herencia de la humanidad de Adán y Eva, si no en la culpa?”  Los Padres Ortodoxos responden unánimes: la muerte (1 Cor.15, 21)[6]”.

Al igual que ocurría en el Antiguo Testamento, muchos judíos actuales (como los ortodoxos y muchos protestantes) tampoco ven ninguna imputación condenatoria del pecado concreto de Adán en nosotros. “Las corrientes renovadoras dentro del judaísmo interpretan la caída como el primer acto de libre albedrío del hombre, y la consideran como parte del plan divino, puesto que la falta representaría la admisión de la responsabilidad. En otras palabras, […] la caída sería una elaborada alegoría del pasaje a la adultez y la autonomía.[7]

A modo de resumen, y como Marcos Abbott señala, “leído sin influencia externa, 1.Génesis no afirma que los primeros humanos fueran creados inmortales, ni que la muerte entrara en el mundo después y a consecuencia de su transgresión. 2. Tampoco retrata a los primeros humanos en un estado de madurez espiritual y perfección moral. 3. En su contexto inmediato, Gn. 3 no presenta la transgresión del hombre y la mujer como un acto que infectara a toda la humanidad posterior[8]”.   

¿Condenados por el pecado de Adán o por el nuestro?

Deberíamos ponernos en alerta que la supuesta imputación universal del pecado de Adán es algo impensable durante todo el Antiguo Testamento, que es precisamente el contexto en el que se encuentra el relato de Adán y Eva. Las interminables enseñanzas y explicaciones del Antiguo Testamento para la limpieza del pecado, el Templo, la ley, los ritos, etc… ignoran completamente cualquier imputación o culpa de Adán. Nada.

La explicación más plausible para este silencio es que Génesis 1 y 2 se escribieron en el contexto del exilio babilonio o posterior. Pero, fuese como fuese, si dicha imputación del pecado de Adán a todos nosotros es realmente el núcleo de todo el problema humano… ¿No resulta llamativo que nunca se diga nada de esto en el Antiguo Testamento? Porque una cosa es una revelación progresiva y otra diferente es que se ignore por completo el supuesto epicentro del problema del pecado humano.

Durante un tiempo, creyentes del Antiguo Testamento creían que el pecado de los padres se heredaba durante varias generaciones. Hasta la cuarta se llega a concretar (Ex. 20, 5; 34, 7). Pero incluso en estos textos tampoco se señala jamás a Adán y Eva como culpables. Sin embargo, Las Escrituras finalmente zanjarían el asunto afirmando en numerosas ocasiones posteriores que cada uno paga por sus propios pecados, no por herencia:

Dios también me dijo: «Los israelitas repiten a todas horas ese refrán que dice: “Los padres la hacen, y los hijos la pagan”. Pero yo me pregunto por qué lo repiten. Porque yo les aseguro que ese refrán no volverá a repetirse en Israel. La vida de todo ser humano me pertenece, tanto la de los padres como la de los hijos. Sólo morirá aquel que peque. […] Ni el hijo tiene que ser castigado por los pecados del padre, ni el padre tiene que ser castigado por los pecados del hijo. Sólo morirá la persona que peque. Quien haga lo bueno recibirá lo que merecen sus buenas acciones; quien haga lo malo recibirá lo que merece su maldad
Ezequiel 18: 2-4; 20 (TLA). Ver también: Isaías 53, 6. Génesis 6, 5-7; 6, 21.

No obstante, el debate seguía abierto durante el siglo I, pues a Jesús le preguntan: “Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres?Ni él pecó, ni sus padres — respondió Jesús” (Juan 9, 2-3).

En esta línea, autores del Nuevo Testamento como Santiago se sumarían a Jesús declarando que “cada uno es incitado a pecar por su propia avidez, que lo arrastra y lo seduce. Después la avidez concibe y da a luz al pecado, y el pecado, una vez consumado, origina la muerte” (St. 1, 14-15). Una vez más, Las Escrituras canónicas ponen más que en entredicho la visión de la condenación por el pecado imputado de Adán.

Debemos tener en cuenta que en la literatura extra bíblica más popular durante la época del Nuevo Testamento (s. II a. C-II d. C.) las interpretaciones judías son variopintas. Estas se reflejaban en libros como 2ª de Baruc, 2ª de Esdras, La Vida de Adán y Eva, o las citas de Filón entre otros. En algunas de estas alusiones se considera que el pecado original hizo que la raza humana cayese en la práctica del pecado y que tuviera que sufrir los males derivados del mismo. Estos datos son importantes porque nos ayudan a situar el marco religioso y la pertinencia de las alusiones de Pablo a Adán en su contexto respondiendo a debates de su tiempo.

Los niños fallecidos

Pasando a otro punto de este examen bíblico no podemos olvidarnos de la cuestión de los infantes que mueren:

 “Dejad a los niños venir a mí, y no se los impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos” Mateo 19, 14.

Si el pecado original solo es quitado por la fe en Cristo, los niños que mueren estarían condenados. Pero si creemos que los infantes son salvados por cualquier otra acción divina que no sea la fe (a causa de su inocencia u otro elemento de gracia externo a su limitada voluntad) se invalida entonces el poder absoluto de una “marca genética” solo borrable por la fe ¿No es cierto?

La mayoría de los cristianos creen que los niños no son condenados y que también hay un perdón acorde con la conciencia para aquellos adultos que no escucharon de Cristo tal y como Pablo expone en Romanos 2. Algunos suman otras circunstancias como las  incapacidades mentales. Así que para quienes creen esto: ¿No es más coherente admitir un Adán prototípico que hacer de la una imputación heredada un dogma que en realidad no resulta tan “dogmático” cuando rascamos un poco?

Es precisamente refiriéndose al pecado de los niños cuando Agustín formula la popular (aunque no bíblica) expresión: “pecado original”. “¿Redimidos de qué…? Como a esa edad no han cometido ningún [pecado] en el curso de su vida personal, no queda más que el pecado original[9]”. Realmente hay razones bíblicas, de sentido común y de conciencia para no afirmar dogmáticamente que cada uno de nosotros debe ser condenado por el error cometido por otra persona al comienzo de la historia.

Y aunque hemos dado suficientes explicaciones a favor de un Adán prototípico, analicemos igualmente con más detalle los textos más debatidos de Pablo:

Romanos 5, 12. Un texto difícil… pero de esperanza

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un humano (“antropos”, genérico para ser humano), y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron…”  Romanos 5, 12 RV60

En primer lugar, debemos admitir la complejidad de este pasaje (Ro. 5, 12-21) del que el prestigioso erudito conservador William Barclay dice:

No hay pasaje en todo el Nuevo Testamento que haya tenido más influencia en la teología que éste; ni que sea más difícil de entender para la mentalidad moderna. Es difícil, porque Pablo se expresa con dificultad. Notamos, por ejemplo, que la primera frase no termina, sino que se interrumpe a mitad del camino mientras Pablo persigue otra idea por otra vía. Y además, es que Pablo está pensando y expresándose en términos que eran corrientes y claros para los judíos de su tiempo, pero no para nosotros. Si hubiéramos de encerrar el pensamiento de este pasaje en una sola frase escogeríamos la que Pablo pone al principio e interrumpe después: «Por el pecado de Adán toda la raza humana quedó contaminada de pecado y separada de Dios; pero por la justicia de Jesucristo toda la humanidad adquiere la justicia y vuelve a estar en la debida relación con Dios»[10]

Como bien resume Barclay, la preocupación de Pablo en todo su discurso es que veamos el problema de la muerte “espiritual” que desde Adán ha llegado a “todos”. Este “todos”, por cierto, no pudo ser entendido como literalmente absoluto respecto a una muerte física por muchos judíos (quizás Pablo entre ellos) ya que creían que personajes como Enoc o Elías no vieron dicha muerte física (Gé. 5, 18-24; 2 Re. 2, 11; He. 11, 5). En esto también podemos que es la aplicación del literalismo quien nos invita a no ser literalistas y asumir que Pablo está enfocado en la muerte espiritual.  

De hecho, Pablo primero dice que “todos” pecaron (Ro. 3, 23) y después que pecaron “muchos” (Ro. 5, 19). Como Peter Enns señala, la desobediencia de Adán tiene implicaciones universales: Adán trajo la muerte a «todos».  Pero entonces ¿Qué significa para Jesús dar vida a «todos»? Pero si asumimos que Pablo no pretende exponer una salvación universal ¿No sería, entonces, mejor decir que Jesús trajo vida a «todos los que creen «? El apóstol es consciente de que su paralelismo no es del todo preciso, él está escribiendo una carta a unos hermanos y luego se apresura a decir «muchos» (en vs. 15 y 19) en lugar de «todos». Retrocede un poco, como para decir, «Bueno, no “todos” como dije. Esto no es literalmente así. Quiero decir “muchos”. A pesar de la imprecisión de su paralelismo, la teología de Pablo sigue intacta. Desde un discurso flexible y un tanto descuidado se destaca el problema del pecado humano que solo Cristo arregla. Este es el punto. Seguramente, el error de la tradición y de San Agustín fue forzar el paralelismo más de la cuenta por motivos coyunturales ya mencionados.

Afinando un poco más el análisis, el erudito Juan Caballero aporta matices importantes acerca del griego de Romanos 5, 12: “En general, los exégetas modernos han dejado de lado la traducción de έφ’ ω como in quo, y que está en la base de la interpretación que san Agustín dio de este versículo: «en el que (Adán) todos pecaron»[11]. Hoy día, la tendencia general es darle a esta expresión un valor causal, y traducirla como «porque». [..] «por cuanto», «puesto que», «ya que», y que así es como la habían interpretado siempre los griegos. Como consecuencia, Pablo estaría afirolando aquí una causalidad de los pecados personales en la muerte eterna de todos los hombres […] El Apóstol, dice Penna, no está interesado ni en precisar cómo se transmite el pecado de Adán ni en hacer disquisiciones sobre la naturaleza de la libertad humana, sino en afirmar el hecho de que en las acciones pecaminosas de los hombres (el verbo ήμαρτον remite a hechos más que a un estado) de algún modo sale a la luz, como de una corriente subterránea, y pulula de nuevo, el antiguo pecado de Adán[12]”.

Estas aclaraciones son importantes porque San Agustín, el precursor de la doctrina del pecado original, no dominaba el griego.

Todo esto nos lleva a optar por la idea de representatividad como una visión mucho más coherente y bíblica que sería igualmente aplicable a Romanos 5, 18 y a otras alusiones de Pablo a Adán como la siguiente:

1ª Corintios 15, 21-22

Por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados

Aquí la idea central en Pablo vuelve a ser básicamente la anteriormente comentada para el otro texto. Marcos Abbott cita a Gordon Fee para señalar que: “el interés es en última instancia teológico; lo que le interesa aquí a Pablo no es solamente la muerte de los individuos, sino la muerte misma en tanto que enemigo final de Dios y de sus designios soberanos en el universo[13]” ¡Buen resumen y centrado de tema! Luego en Romanos 1,18-3, 20 se muestra que tanto los paganos como los judíos son pecadores que necesitan una salvación que no está disponible solo para los hijos de Abraham sino también para los de Adán ¡Para toda la humanidad! ¿Podemos entender de qué va realmente todo esto?

En los capítulos del 1 al 3 de Romanos el problema universal del pecado se expone, de nuevo, sin ninguna referencia a Adán. No hace falta, pues a donde Pablo quiere llegar no es a revelarnos que somos condenados por la culpa de Adán sino que “todos pecamos…. Esto mismo es lo que Pablo hace en 14 de sus 17 epístolas en las que no dice ni una sola palabra de Adán para abordar el grave problema del pecado humano. Si realmente existiera una imputación directa del pecado de Adán como San Agustín interpretó ¿Iría Pablo a dejar de mencionarlo en sus cartas a sus congregaciones? ¡Seguro que no!

En esta línea, el profesor Dionisio Byler observa cómo en estos debatidos versículos Pablo no achaca  “las culpas a Eva o a la mujer en general, como era más o menos típico en la época de Pablo. Nos indica que Pablo no está aplicando literal o mecánicamente la narración de Gn 3, sino que está pensando en general acerca de realidades humanas[14].

Efectivamente, Eva fue el primer humano en pecar (tal y como se recuerda en 1ª Timoteo 2, 14 con otro propósito). No fue Adán. Así que este “error” respecto a los hechos que fundamentan el dogma “adánico” sería otro motivo para no leer aquí dogmáticamente a Pablo al evidenciarse que él mismo no pretende ser muy literalista y que más bien utiliza el concepto figurativo de Adán=humanidad como cuando en Génesis 5, 2 se dice que ambos, Adán y Eva, son Adán: “Varón y hembra los creó; y los bendijo, y los llamó Adán el día en que fueron creados”. Eva también es Adán bajo uso claramente prototípico de los humanos que no lo inventamos nosotros sino que es claramente expuesto ya en Génesis 5.

Peter Enns señala que en Cristo, toda la creación comienza de nuevo y en lo importante que es este punto para la teología de Pablo. Esta idea no implica que el pecado se hereda sino que tras entrar por Adán se convirtió en un poder universal dominante (en judíos y gentiles). Esto nos lleva a la verdad realmente bíblica de que no pagamos por el error de un personaje histórico sino por los nuestros.

Si Jesús fue un personaje histórico ¿Adán también debió serlo al ser citado?

Pablo conecta con aquello conocido por su auditorio, incluyendo citas a literatura que no se incluye en nuestro canon bíblico occidental del Antiguo Testamento (pseudoepígrafos o deuterocanónicos) para ilustrar y reforzar sus argumentos. En Hechos 14 Pablo cita a filósofos griegos como Pausanias o Filóstrato para sostener la veracidad de su discurso. Pero si mañana se descubre que Filóstrato no existió (Pablo realmente no pudo corroborarlo), la enseñanza del apóstol seguiría intacta independientemente de la historicidad del filósofo citado ¿No es cierto?

Así lo vemos también en otros autores del Nuevo Testamento como Judas cuando cita el libro de Enoc que no está en nuestras Biblias. Dicha mención no convierte en históricos a los personajes del libro de Enoc ni a sus fantásticas narraciones. Y por esto sostener que “ya que Pablo se refiere a Jesús como individuo histórico… Adán también debió serlo para que la verdad se sostenga”…  es un error ya que este silogismo no funciona así en la retórica hebrea. Ni mucho menos. En otras ocasiones Pablo usa elementos creativos como la personificación alegórica. Por ejemplo, cuando del antiguo Israel dice que “bebieron de la roca, que era Cristo” (1 Co. 10, 4) sin que nadie entienda que Cristo era literalmente una roca a pesar de ser citado así junto a la persona de Moisés. El lenguaje alegórico puede ser más pedagógico y creativo que el literal en muchas ocasiones ¡Y de esto también aprendemos!

¿Creía Pablo en Adán como un personaje histórico?

Los autores del Nuevo Testamento se refieren a los personajes veterotestamentarios (y extra bíblicos) tal y como los asumían los oyentes de su tiempo. No podía ser de otro modo si querían hacerse entender. Probablemente pensarían que fueron personajes históricos del mismo modo en el que muchos de sus conciudadanos asumían que el Cosmos tenía tres estratos (Fili. 2, 10-11) o  que la esclavitud era el único sistema social viable sin que se les ocurriese cuestionarlo (Co. 3, 22; Ef. 6, 5-9; 1ª P. 2, 18). Pero su revelación inspirada no radica en las asunciones culturales de su época. Si Pablo creía que Adán fue un personaje histórico real (no sabemos si así lo pensaba) esto no sería una prueba de la historicidad de Adán porque la intención de Pablo no era antropológica o genetista sino proporcionar enseñanzas espirituales desde el lenguaje y cosmovisión de sus oyentes ¡No mezclemos las cosas desde nuestra mentalidad!

Adán y Eva como analogía del ser humano… y del pueblo hebreo

Nuestra sociedad se acerca a La Biblia de forma muy individualista: “A ver qué me dice Dios a mí…”. Sin embargo, Las Escrituras se dirigen a un pueblo (Antiguo Testamento) y a comunidades (Nuevo). Y por esto debemos fijarnos también en la importancia de Adán y Eva como analogía de Israel en el momento de escribirse. Los capítulos 1 y 2 de Génesis surgen durante la gran crisis de identidad bajo la cautividad babilónica o inmediatamente después. Desde sus vivencias como comunidad Israel percibe la expulsión de la primera pareja del Edén como una analogía de su propia historia de fracaso y desobediencia desembocando en la expulsión de la Tierra prometida (su Edén) tras romper su alianza con Dios tal y como Adán y Eva hicieron. Del mismo modo, volver al pacto y salir de aquella Babel de confusión es su nueva esperanza.

Conclusión

Todos los humanos (Adán = «Humanidad») pecamos, una realidad bíblica y comprobable cada día. Y esto no cambia si hubo (o no) evolución de las especies o si Adán fue (o no) un recurso literario que representa a la humanidad. Haya evolución, o no, La Biblia manifiesta un profundo sentido prototípico cuando incluye a Adán en las genealogías o cuando presenta a Eva como el origen de la promesa de la simiente que aplastará a la serpiente del engaño.

El término “pecado” no aparece como tal en La Biblia hasta el capítulo 4 de Génesis con Caín y Abel. Curiosamente, lejos de apelar a la supuesta culpa heredada de Adán, aquí el pecado es algo que “está acechando en la puerta” y que “no obstante, tú puedes dominarlo” (4, 7). Esta primera descripción bíblica del pecado armoniza con el resto del Antiguo Testamento en el que los hijos de Dios nunca se presentan como condenados o muertos por causa del pecado de Adán.

El Israel de la alianza no se presenta como incapaz de agradar a Dios. No. La ley y los profetas asumen siempre la posibilidad de agradar al Señor, de ser justos y rectos. En este caso mediante la obediencia a La Ley. Y esto puede suponer una revelación incompleta para algunos creyentes, pero nunca será falsa. Creemos, por tanto, que el dogma medieval impulsado por San Agustín ha malinterpretado a Pablo. La Biblia resulta mucho más armónica cuando leemos que cada uno paga por su propio pecado. Asociar intrínsecamente el «merecimiento de un castigo» a esa condición humana que ninguno hemos elegido choca con el sentido común que Dios nos dio y con la justicia bíblica.

Tampoco debemos ser ingenuos e ignorar que detrás de los dogmas ganadores no influían los intereses de control y miedo a las jerarquías religiosas. Qué duda cabe que nacer ya condenados por un pecado adánico amplifica el llamado a la obediencia a un poder religioso encargado de ofrecer las soluciones para tan terrible situación.

Dios hizo el misterio como parte de la vida, un motivo de sobrecogimiento, fascinación y adoración. No tenemos todas las respuestas pero sí sabemos que todos pecamos y necesitamos de su gracia. El asunto de un Adán histórico o prototípico se ha discutido y se seguirá discutiendo. Nuestras explicaciones en este asunto siempre serán incompletas, pero sin duda se puede creer en la inspiración bíblica y en la evolución de las especies como un hecho.

Esto debería traer paz a un cristiano evolucionista así como reforzar el diálogo, la convivencia en la diferencia dentro de la iglesia y la evangelización. Hay cosas que probablemente nunca sepamos en cuanto a qué sucedió exactamente en el pasado mientras aprendemos que la falta de certezas al otro lado de ese espejo oscuro que es la vida también son motivo de adoración y fe. En cualquier caso, el evangelio que transforma al mundo nos revela que «el primer hombre vino del polvo de la tierra; el segundo de El cielo” (1ª Co. 15, 47). Y Pablo se esfuerza para hacernos entender lo esencial de esta verdad.

[1] Daniel C. Harlow, Después de Adán : leer el Génesis en la era de la ciencia evolutiva, Revista Alétheia de la Comisión de Teología de la Alianza Evangélica Española, 2012

[2] Karl Barth, Dogmática eclesial, vol. 3, pt. 1:82

[3] Denis O. Lamoureux, ¿Fue Adán una persona real?, 2015 (2010 en inglés), Documento Biologos  publicado por el Centro de Ciencia y fe

[4] Matthew Richard Schilmm, Esta Extraña y sagrada escritura, Juanuno1, 2021, pp. 41-22

[5] Citado por BERNARD SESBOÜÉ y  traducido del francés por José Pedro Tosaus Abadía en: EL PECADO ORIGINAL: ¿UN CÓDIGO DE FALIBILIDAD? , Revista Internacional de Teología Concilum, Editorial Verbo divino, febrero 20024, nº 304, p. 14

[6] https://ocamexico.org/ancestraloriginal

[7] Wikipedia: Pecado original/Enciclopedia sobre judaísmo

[8] Marcos Abbott, Adán en Pablo: Una lectura intertextual, Facultad SEUT, Nº 15, Vol. 1, 2000

[9] Agustín, De poena et remissione peccatorum [Sobre la pena y la remisión de los pecados], I,26; PL 44, 131; Vivès 30, pp. 31-32

[10] William Barclay, Comentario Al Nuevo Testamento, Clie, 2008

[11] Cfr. Lozano, a., Romanos 5, 183-186 y 188-189.

[12] Juan Luis Caballero (U. Navarra), Rm 5, 1 2 y el pecado original en la exégesis católica reciente

Penna, r., Romani, I, 455-456. Cfr. Pitta, A., Romani, 234. Citado por  Juan Luis Caballero, Rm 5, 1 2 y el pecado original en la exégesis católica reciente, SCRIPTATHEOLOGICA/VOL. 46/2014/ 121-140 ISSN 0036-9764. P. 130, 131 y133

[13] Op. Cit.

[14] Dionisio Byler, Hablar sobre Dios desde la Biblia, Biblioteca Menno. 2014

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