jueves, abril 3, 2025

Paso 7. La VERDAD en La Biblia: Literalidad vs. creatividad

Cómo leer lo más difícil de La Biblia. Paso 7 de 15       

Como vimos en el artículo anterior, algunas de las dificultades para aceptar la inspiración de textos complicados de La Biblia tienen más que ver con requisitos modernos de «verdad» que con la propia Biblia. El problema es que a muchos evangélicos nos dijeron que la lectura literal es la forma de verdad más elevada que existe y en ocasiones la única posible en La Biblia. Pero esto no es así. Ni tampoco es algo que se concibiera así en la cultura bíblica. 

El origen de la interpretación literal como sinónimo de verdad

La interpretación literalista (= Todo en La Biblia debe ser científico e histórico) es una imposición moderna al texto, no bíblica.

La semiótica hebrea compuesta por símbolos, alegorías, parábolas o respuestas creativas a las cosmovisiones mitológicas de su tiempo constituían una pedagogía típica ¡Y muy eficaz!

La idea de VERDADERO=LITERAL en La Biblia fue expandido mundialmente por misiones de EE. UU. especialmente durante el siglo XX. Este movimiento fue tan amplio y poderoso que sus formas de interpretación aún son dominantes entre evangélicos hispanohablantes. 

Aquella visión literal fundamentalista nació para combatir aspectos que había traído la modernidad como la teoría de la evolución de Darwin o la alta crítica bíblica (S. XIX-XX). Lo paradójico de esta visión es que es también es un producto de esa modernidad a la que pretendieron combatir: El literalismo bíblico reproduce su mismo énfasis al equiparar la verdad con la literalidad científica y los datos históricos comprobables.

Pero La verdad en La Biblia es otra cosa. Es algo mucho más grande, más creativo y pedagógico que tiene que ver con la enseñanza que se alberga tras cada narración, no tanto con su historicidad o con el rigor de cada dato. El concepto original es mucho más fascinante y liberador.

A La Reforma también le constó conectar con el simbolismo original

Pero no todo se explica mirando solamente a los EE.UU. Existen otros factores que explican el triunfo moderno del literalismo. Como David Casado señala, “La Reforma acabó con la ortodoxia interpretativa establecida más de diez siglos atrás; es decir, acabó con el alegorismo. [Pero] -aclara- Fidelidad no es literalidad […] como ocurre, por ejemplo, en la afirmación de Jesús de reconstruir el templo en tres días (Jn. 2, 19-21). Solo la fidelidad al símbolo permite captar en toda su riqueza y amplitud el mensaje que el autor quiso transmitir[1]”.

Sin embargo… La literalidad no es siempre la mejor forma de transmitir verdad

En medicina o aeronáutica se utiliza un lenguaje siempre literal. Pero cuando describimos nuestras relaciones, experiencias o determinadas enseñanzas espirituales (y de eso trata La Biblia), el lenguaje literal es con frecuencia el menos apropiado. Cuando alguien nos pregunta: “¿Por qué amas a tu hijo?” no respondemos con datos fisionómicos, históricos o científicos. Usamos un lenguaje retórico, hiperbólico o poético.

Cuando hoy decimos: “como bien le dijo Don Quijote a Sancho…”  lo que pretendemos es poner en valor la sabiduría, la antigüedad o el prestigio de aquello que escribió Miguel de Cervantes a sabiendas de que Don Quiote y Sancho fueron personajes ficticios. El poder de una buena historia creativa puede cambiar al mundo con su verdad.

La pedagogía de una gran historia va más allá de que pueda encajarse, o no, con la ciencia de nuestro momento ¡Faltaría más! Las parábolas, por ejemplo, son historias inventadas por Jesús que han transformado a millones de vidas con más impacto que millares de narraciones rigurosamente históricas ¡Son historias ficticias que transforman realidades profundas! 

Karl Barth expresó la necesidad de situarnos en los pies de los receptores bíblicos cuando dice que “la idea de que la Biblia declara la Palabra de Dios solo cuando habla históricamente es una idea que debe abandonarse […] La presunta equiparación de la Palabra de Dios con un registro “histórico” es un postulado inadmisible que no se origina en la Biblia en absoluto, sino en el infortunado hábito del pensamiento occidental que asume que la realidad de una [narración] se mantiene o cae según sea “historia” o no[2]”.

Géneros bíblicos no literalistas: Ejemplos de hipérboles

-El evangelio proclamado «a toda la creación»

El apóstol Pablo dijo que el evangelio “fue proclamado a toda la creación debajo del cielo” (Colosenses 1:23) cuando, literalmente, sabemos que ni siquiera fue proclamado al 0.1% del planeta cuando se escribe aquello.

 -¿“Toda la tierra” procuraba ver a Salomón como dice 1ª Reyes 10, 24?

¿Vinieron desde lo que hoy es Australia o América? Obviamente no. La intención del texto no es aportar información cuantitativa o geopolítica, sino exaltar hiperbólicamente la fama de Salomón. Esto lo hacemos también hoy día y nadie piensa que estemos mintiendo. En La Biblia ocurre lo mismo.

-«Un profeta de Creta dice: «Los cretenses siempre son mentirosos” Y esto es verdad» (Tito 1, 12-13).

Pero… ¿Cómo puede ser cierto que un cretense diga que los cretenses son “SIEMPRE mentirosos”? 😊 La expresión no tiene sentido si la tomamos literal. Pero resulta una creativa y hasta una divertida forma de darle un palo a los cretenses.

Luego el texto continúa diciendo que “todos” los cretenses son unas “malas bestias, glotones ociosos”. Así que de nuevo se exagera sin pretender el rigor, pues suponemos que existiría algún buen cretense responsable ¡Seguro que sí! Y es que las generalizaciones no son justas si se toman al pie de la letra.

Estamos ante una exageración teatralizada. Y debería ser evidente que esta descripción de la ética cretense no es una revelación divina atemporal acerca de la moral de todos los habitantes de Creta sino un desahogo de quien debió sufrir malas experiencias personales. Esa es la verdad tras estos versículos.

-Jesús dijo que la mostaza “es la más pequeña de todas las semillas” (Mt. 13, 31) cuando no lo es.

Hay orquídeas, por ejemplo, cuya semilla son menores. Y esa fe como un grano de mostaza -continúa Jesús- también hará que podamos decir a una montaña “trasládate de aquí para allá”, y se trasladará” (Mateo 17, 20) cuando nunca se ha sabido de ningún creyente cambiando montes de lugar.

¿Y entonces? ¿Jesús miente o se equivoca? ¿O acaso nadie jamás ha tenido un mínimo de fe para conseguir trasladar montañas? Bueno, lo que ocurre es que, de nuevo, Jesús no habla literalmente, sino que busca el impacto en su auditorio. Es lo que hacemos normalmente cualquiera de nosotros al expresarnos.

Cuando alguien hoy dice “nada es imposible” sabe perfectamente que hay millones de cosas que son imposibles. Si tienes 95 años, olvídate de batir el récord mundial de 100 metros lisos, por mucho que entrenes. Decir “nada es imposible” es a una hipérbole que anima a intentar desafíos complicados que requieren de un gran esfuerzo y motivación. Se trata de no ponernos límites que nos frenen y que quizás solo están en nuestra cabeza o en un entorno limitante.

Jesús busca impactar a oyentes que tenían interiorizado el grano de mostaza como el más pequeño. Y como buen maestro desea que lo comprendan de la mejor manera. Pero ni La Biblia ni Jesús pretenden revelarnos datos científicos o algo similar. Él quiere llevar a sus oyentes a una dimensión sobrenatural e íntima de la fe que hasta ahora no habían experimentado. La Palabra encarnada es Jesús y ahora está con ellos. Su auditorio, al igual que nosotros, tiene ahora la oportunidad de experimentar y hacer cosas que antes ni siquiera imaginaron que serían posibles.

Como dice Anthony de Mello, si la historia de la gallina de los huevos de oro estuviese en la Biblia, cuántos cristianos pasarían más tiempo discutiendo sobre cómo fue posible que una gallina hiciera aquello que aplicando sus lecciones sobre la avaricia.

Mandatos para su contexto, enseñanzas para nosotros

«Leed la carta a Laodicea…» que no nos ha llegado

Podemos aprender de todo lo que está en La Biblia a pesar de que sus autores no estuvieran pensando en lectores del siglo XXI.

Como cuando Pablo dice: «Haced que se lea entre vosotros la carta que envié a los laodicenses» (Col. 4,16). De acuerdo Pablo… pero aquella carta no ha llegado hasta nosotros. Así que…  ¿Cómo es posible que existan mandatos en su Palabra que son imposibles de aplicar por nosotros hoy? Pues tan sencillo como que Pablo no se dirige a nosotros sino a una comunidad concreta en Colosas. La inspiración de sus escritos aborda necesidades y circunstancias particulares que pueden ser diferentes a las nuestras. 

Pero entonces ¿Esta orden de leer una carta perdida no tiene validez para nosotros? La respuesta es que sí nos vale. De este versículo aprendemos -por ejemplo- que esa carta existió. Ya es algo ¿No? 🙂 También aprendemos de la importancia que se le daba a la lectura comunitaria de cartas y que consideraban bueno el conocer qué les sucede a otras iglesias. Todo esto son cosas que aprendemos. 

Del mismo modo, cuando Jesús o un apóstol cita a Noé, a Eva, o a otro personaje bíblico, la enseñanza espiritual debería ser la misma para los cristianos más literalistas que para quienes aceptan la posibilidad de que algunas narraciones pudieran ser alegorías o prototípicas.

El propósito de Biblia es encontrarnos con la enseñanza divina. Como cuando Pablo habla del hijo destetado de Agar diciendo que aquello “es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos” (Ga. 4, 24). Pablo proyecta una interpretación alegórica a una narración que fue contada como historia. Pero tratar de encontrar y analizar el ADN de Agar no confirmará ni desmentirá la verdad de su mención ni de la enseñanza. No va de esto.

Descubrir las interpretaciones que estos símbolos pudieron provocar en aquellas comunidades originales puede ser algo revelador también para nosotros.

La verdad de La Biblia entre los primeros cristianos

Entre los cristianos inmediatamente posteriores a La Biblia encontramos citas que aluden a Las Escrituras como la verdad de Dios ¡Claro que sí!

Pero esto no significa (como algunos cristianos más literalistas han sugerido) que aquellos primeros creyentes considerasen el literalismo como la mejor y única manifestación de la verdad. La cuestión no es interpretar La Biblia literalmente sino tomarla en serio, desde su contexto.

Otra de Pinocho

Si dentro de mil años alguien leyera una noticia de 2024 que diga: “Antonio miente y le crece la nariz como a Pinocho” ¿Pensará que en 2024 se produjo un inexplicable crecimiento de la nariz de un tal Antonio? Si esto nos parece un error infantil ¿Qué hacemos nosotros con el rico simbolismo bíblico? ¿Concluirá ese lector del año 3024 que Pinocho fue un personaje histórico?

Si ese interprete del futuro tuviese una mentalidad simplista y no investigase acerca de nuestras formas de hablar en 2024… ¡Quizás sí piense que existió en realidad Pinocho! Pero si esa persona examina otros textos de nuestro tiempo y consulta nuestros libros y películas comprobará que la alusión a Pinocho es solo una referencia metafórica. Comprenderá que la verdad liberadora se encuentra en el mensaje

¿Y qué hacemos nosotros con La Biblia? ¿Sabemos que narrativa hebrea era especialmente rica en su simbolismo pedagógico?                                                            

La semiótica judía es pedagogía, también para hoy

La semiótica es el estudio de los signos y significados del lenguaje, y está muy presente en la narrativa hebrea. Como Pablo R. Andiñach explica: “el análisis literario considera cada detalle del texto como un actor semiótico. Por ejemplo, si un libro profético comienza con la información de la fecha de la actuación del profeta, no se pregunta sobre la veracidad de ese dato sino que la asume como información semiótica que ofrece sentido al relato. Si el Cantar se atribuye en 1,1 a Salomón no le interesa constatar si fue en realidad el autor material, pero se hace la pregunta: ¿Qué significa que el libro diga que ha sido compuesto por Salomón? Al ver que en Gn 12,10-20 y 20,1-18 se narran dos historias muy parecidas sobre Abraham y Sara la pregunta de la semiótica es: ¿Cuál es el sentido de poseer estas dos historias? […] el esfuerzo de la crítica bíblica es describir el contexto social, religioso, cultural en que surgió cada libro […] pero el sentido no reside en esa reconstrucción, sino que la hermenéutica se aprovecha de ella para ir más allá […] se trata de que esa lectura modifique nuestra comprensión de la historia, de la teología y de la vida[3]”.

Termino con las palabras de Brian Zahnd acerca de la comprensión de La Biblia: “Entiende para qué se usan las formas y deja de esforzarte en perder de vista los puntos claves. Intenta aprender qué importa y qué no. No se trata de dónde y cuándo vivió Job sino de lo que Job aprendió. No se trata de encontrar el arca de Noé sino de librar al mundo de la violencia. No va de que una serpiente pueda hablar sino de lo que ese maldito ser dijo. Aunque nunca he conocido una serpiente parlante, sí he tenido pensamientos de serpiente en mi cabeza. La parábola y la metáfora tienen su propia forma de tirarnos al suelo […] El literalismo plano empequeñece la historia, la confina en el tiempo y la hace irrelevante. Pero la poesía y la alegoría viajan a través del tiempo y del espacio para adherirse a nuestro rostro. Los acontecimientos inertes se archivan fácilmente, pero la historia bien expresada te perseguirá. Deja que haya asombro, misterio. Es tiempo de que la historia de La Biblia salga de la jaula y entre en escena. Permite que la historia se filtre en tu vida y comience a entretejerse con tu propia historia. Ahí será entonces cuando, por fin, querido amigo, estarás leyendo bien la Biblia”.[4]

A modo de ejemplo, en el siguiente artículo sobre «La creatividad de las profecías mesiánicas» comprobaremos cómo estas profecías fueron muy poco o nada literales en su cumplimiento y el sentido de aplicación que esto tiene para nosotros.

[1] David Casado. El apocalipsis. Clie, 2004, pp. 42-43

[2] Karl Barth, Dogmática eclesial, vol. 3, pt. 1:82

[3] Pablo R. Andiñach, Introducción hermenéutica al Antiguo Testamento. Verbo Divino, 2012, p. 37, 38 y 40

[4] Brian Zahnd, adaptado del poema Reading The Bible Right (Cómo leer bien La Biblia),

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