¿No es macabro que Dios tuviese que venir a morir por mí en una cruz?

¿No puede Dios simplemente perdonarnos y ya está? ¿Por qué pasar por ese sufrimiento atroz?

Algunos ven a un Dios sadomasoquista detrás de un Dios que envía a Jesucristo a morir  ¿Qué padre amoroso y con una salud mental estable haría esto con su hijo?

La cruz y el sufrimiento

Algunos ven sádico y absurdo un dios muriendo así. Pero en el “cómo” murió vemos aspectos muy importantes de Él. Cuando a alguien se le lleva al límite, a la máxima presión, al sufrimiento, más se demuestra cómo es alguien realmente ¿No es así? Mejor conocemos a esa persona. Y de Jesús vemos que salió amor, compasión y perdón por sus enemigos. Yo contado entre ellos en numerosas ocasiones.

Jesús es Dios hecho humano viniendo voluntariamente a nuestro encuentro. Su acción llevaba implícito el deseo compartir nuestro sufrimiento. En espera del  día en el que el mal se acabe (algo que Él ha prometido y que nos proporciona esperanza), sabemos por la cruz que el misterio del sufrimiento ha sido experimentado por Dios mismo. Él nos entiende en nuestro dolor porque ha sido azotado y desgarrado. Está a nuestro lado y de nuestro lazo. Dios no es indiferente ante el sufrimiento, lo cuál nos ayuda a confiar en las promesas de un Dios que ha experimentado el dolor en sus carnes. Literalmente.

El sufrimiento humano es un misterio pero la mejor respuesta y consuelo posible ante el dolor la ofrece el cristianismo ¡Un día todo mal se acabará! Por contraste, el ateísmo no ofrece ningún tipo de esperanza.

Dios no tiene ningún gusto por el dolor ajeno. Y por esto Él no envía a otra persona sino a él mismo sufriendo.

La justicia y el misterio de la cruz

¿Y si Dios tiene en cuenta cada palabra o hecho hiriente que cometemos? ¿No es esto lo que esperaríamos de un Dios justo? ¿Y qué de cada momento en el que pude haber ayudado a otros y opté por el egoísmo o la comodidad? Cuando hacemos aquello que tantas veces criticamos en otros o encontramos a gente más bondadosa que nosotros se nos facilita un mejor análisis de la realidad de nuestra maldad.

En la cruz Dios se ha interpuesto entre nosotros y las personas a quienes hemos dañado pues un golpe contra otros es también un golpe contra Dios. Cuando herimos a otro herimos a quien Dios ama. La muerte de Jesús puede parecernos absurda porque la miramos como si no tuviera nada que ver con nosotros. Lo vemos como la muerte de un señor extraño que vivió hace 2000 años porque no tenemos interés en seguirlo. Pero todo cambia si este hombre es la persona que mejor nos conoce y quien más nos ama. De hecho, así es.

En la cruz hay mucho más, quizás aún misterios y carácter de Dios por explorar. Brian Zahnd dice:

"Hoy hablo de la cruz en estos términos… En la cruz nosotros cargamos nuestros pecados en Jesús y Él nos perdonó. En la cruz Jesús se convirtió en sacrificio para terminar con el sacrificio. En la cruz Jesús se convirtió en el chivo expiatorio (cordero de Dios) que nos salvó del pecado original de buscar chivos expiatorios. En la cruz Jesús tomó la culpa para salvarnos de culpar. En la cruz Jesús avergonzó a los principados y potestades de la religión sacrificial y el poder violento (representados por Caifás y Pilato). A través de la cruz Jesús juzga al pecado, expulsa a Satanás y refunda el mundo. En la cruz de Cristo el mundo es refundado desde un eje de poder impuesto por la violencia hacia un eje de amor expresado en el perdón. En la cruz Jesús da al mundo un Nuevo principio organizador: el Amor. En la cruz Jesús da al mundo un nuevo telos: la paz. En la cruz descubrimos un Dios que da forma al mundo, no por coerción, sino con amor. En su crucifixión Jesús alcanza la solidaridad con todos los que sufren. La cruz es la única teodicea cristiana. En su crucifixión Jesús reorienta el camino del mundo del camino de Caín (masacre colectiva) al camino de Abel (amor compasivo). En la cruz Jesús se revela como un Dios que prefiere morir a matar a sus enemigos. La cruz es la alternativa de Dios a la espada. La cruz es la coronación del legítimo Rey del mundo. En la crucifixión comprendemos que Dios estaba en Jesús reconciliando al mundo consigo mismo… ¡no a la inversa! En la cruz Jesús no nos salva de Dios, nos revela a Dios. En la cruz Jesús nos salva de la ira que es el inevitable resultado de seguir los caminos del orgullo y el poder. En su crucifixión Jesús se une a la humanidad en la muerte para que nosotros podamos unirnos a él en la resurrección. En su crucifixión Jesús pisotea a la muerte a través de la muerte. Aunque su muerte en la cruz Jesús a descendió al Seol/Hades eso hizo que pudiera abrir la puerta a la vida eterna. En su muerte y resurrección Jesús inaugura el mundo porvenir, el mundo de la Nueva Creación. Y continúa, y continúa, y continua, y continúa… Contemplo al Cristo crucificado porque esto es lo que Dios es, así es como Dios es. Miro la cruz para ver a Dios. No vengo a la cruz para encontrar una fórmula o una teoría. Vengo a la cruz para encontrar a Dios. El Dios crucificado(1)"

Ya está terminado” son las últimas palabras de Jesús justo antes de exhalar. La Cruz es el lugar en el que Dios declara que el abuso, la violación, la mentira o el asesinato son actos repugnantes que no pueden quedar impunes. Dios no es un señor bobalicón de barba blanca al que todo le da igual.

La cruz  es el deseo de Dios para que nadie perezca por estas consecuencias. En la cruz se encuentran el amor y la misericordia.

La ira de Dios no contradice su amor. Dios exige justicia porque es amor ¿O acaso no nos airamos cuando hacen daño a quien más queremos? Si no nos molestásemos ni hiciésemos nada respecto a las agresiones contra un ser querido realmente no lo amaríamos. Dios debe hacer justicia con quienes nos hacen daño del mismo modo que debe hacerla con nosotros cuando somos los causantes del dolor. Es una condición moral intrínseca de Dios que no puede ser aparcada. De hecho, muchos no creen en Dios porque aún no ha ejecutado ese juicio contra el mal. Pero cerramos los ojos cuando se trata de nuestro mal.

Pero en la cruz nuestros pecados (una orientación negativa de nuestra existencia) no son tenidos en cuenta porque en la cruz "todo es terminado". En palabras de C. S. Lewis, el ser humano no es simplemente una criatura imperfecta que necesita mejorarse; es un rebelde que debe deponer sus armas.

libre-al-finRendirnos,  darnos cuenta de que hemos tomado el camino equivocado para comenzar una nueva vida con Él. Eso es lo que el Evangelio llama arrepentimiento, algo que no es  divertido. Arrepentirse es algo mucho más difícil que agachar la cabeza humildemente. Es necesario nacer de nuevo, tal y como Jesús le dijo a un viejo judío llamado Nicodemo (Juan 3, 7; La Biblia). Pedir a Dios que nos reciba sin arrepentirnos significaría pedirle volver a Él sin volver a Él. Es algo que no puede ocurrir.

Jesús no presenta ninguna religión, sino a sí mismo  como “El camino, La verdad y La vida” (Juan 14, 6). Así que esto va más allá de que seguir sus enseñanzas. Un cristiano no es una persona que no se equivoca sino alguien a quien se le ha concedido la capacidad de arrepentirse, de levantarse del suelo y empezar de nuevo después de cada tropiezo.

En esta nueva vida ya no hacemos cosas para ser salvados o aceptados por Él. Nuestros méritos nunca podrán comprar nada que el sacrificio de Jesús ya completó. “Porque por gracia (un regalo) sois salvos por medio de la fe; y esto no es por vuestros méritos, pues es regalo de Dios; no por vuestras obras, para que nadie se envanezca” (Efesios 2, 8-9).

La Cruz se lleva nuestra deuda y nuestra vergüenza. La recibida y la causada. Sólo ahí somos libres al fin.

Por Delirante.org

(1) Fuente original:

The Crucified God

Traducción: Luciana Cacciola / Edición: RSV en https://laconversacionencurso.org/traducciones/brian-zahnd-2/el-dios-crucificado/

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