domingo, agosto 1, 2021

Igualdad de género (Parte 2): Latinoamérica vs. Islandia

En la parte 1 titulada ¿Entendemos los cristianos qué es Ideología de Género? definimos algunos conceptos para entendernos cuando hablamos de ideología de género (IdG a partir de aquí). Vimos que no existe una sola “ideología” de género fuera de la Iglesia como tampoco dentro de ella. Propusimos cómo abordar esta pluralidad interna y hablamos de la educación pública y el derecho de los padres comprobando que el asunto está lleno de matices que exigen discernimiento y buena información. Terminamos hablando de la libertad de expresión y del poder del amor en Cristo como respuesta. En esta última parte haremos un ejercicio reflexivo para comparar datos de Latinoamérica e Islandia que como iglesia pueden retarnos y proporcionarnos un mejor criterio sobre el asunto.

Comencemos.

América Latina y la Ideología de género

Justo antes del COVID-19 América Latina llamaba la atención del mundo por sus movilizaciones masivas contra la IdG. Paralelamente, en estos mismos países se desplegaba un clamor social pidiendo medidas gubernamentales para la concienciación y modelos educativos más igualitarios desde la niñez. A los cristianos del continente se les ha vinculado más con las protestas contra la IdG que con esas otras movilizaciones a favor de la igualdad, llegando incluso muchos creyentes a oponerse a estas últimas por considerarlas una estrategia oscura de imposición de IdG. Llegados este punto nos preguntamos: ¿Qué dicen los datos?

Un informe de la ONU de 2017 situaba a América Latina y el Caribe como la región del mundo con mayores índices de violencia contra la mujer. Y subiendo… porque según el Instituto nacional de estadística mexicano, 2018 fue el año con más asesinatos de mujeres en los últimos 29 años [1] ¡3.752 homicidios! Que equivalen a 10 mujeres asesinadas por día solo en México. Desgarrador.

Para la ONU los niveles de violencia a los que ha llegado Latinoamérica son inaceptables: “Presenta la tasa mayor de violencia sexual fuera de la pareja del mundo y la segunda tasa mayor de violencia por parte de pareja o expareja’’ [2]. La cosificación de la mujer no solo deja regueros de muerte y violencia sino daños colaterales como el abandono de las responsabilidades paternas. De hecho ¿Cuántas madres con pareja “en paradero desconocido” vemos en nuestras Iglesias? Las familias monoparentales son un drama real contra la familia del que se habla poco en nuestras iglesias. Toca preguntarnos: ¿Contribuirá el espíritu del lema “El niño de azul y la niña de rosa” a la solución de esta tragedia? ¿O acaso ese énfasis en las diferencias y expectativas pueden ser más bien parte del problema? Estos estereotipos afectan también a más del 40% de los homosexuales y el 65% de los transexuales de América Latina que sufren violencia homofóbica en las escuelas según la Unesco [3]. Terrible.

Alejandro Rivas afirma que una educación que enseñe a los ciudadanos desde pequeños a identificar los estereotipos culturales que pesan sobre los sexos es indispensable en la lucha contra la violencia […] Muchos creyentes se levantan, hoy por hoy, contra el enfoque de género, pero ¿qué están haciendo para evitar la violencia basada en los estereotipos que provienen de la cultura?”.

Islandia y la equidad género como defensa de la familia

Una de las intervenciones pioneras de las políticas de igualdad modernas se le atribuye a  la presidenta de Islandia Vigdis Finnbogadottir. En 1995, poco antes a la Conferencia de Pekín, Finnbogadottir defendió que la perspectiva de género debía integrarse en los programas educativos. Tal y como más tarde se definió, la propuesta consistía en eliminar estereotipos de los textos escolares y concienciar a los maestros para que los niños hagan una selección profesional informada y no en base a tradiciones predeterminadas sobre género [4].

Islandia decidió tomarse en serio estas iniciativas y hoy está considerado el mejor país del mundo para ser mujer según el Foro Económico Mundial [5]. Este análisis toma diferentes indicadores como el acceso a la educación, la brecha salarial, la esperanza de vida o la representación de mujeres en las instituciones, entre otros índices.

Entre los logros de Islandia destaca que el 89% de las mujeres llegan a la educación secundaria. Con un sistema único de conciliación laboral, ayudas para guarderías y fomento de la natalidad, el 83% de las mujeres islandesas en edad laboral están trabajando constituyendo el 45% de la fuerza laboral. Aquellas mujeres que no lo necesitan o no quieren trabajar, pues no lo hacen. Pero quienes sí lo desean o sí necesitan trabajar pueden hacerlo con la ayuda estatal sin renunciar a la maternidad en un país que posee una de las tasas de natalidad más altas de Europa con 2,1 niños por mujer [6], muy por encima de los 1,31 de España [7] en la que además contamos con muchas más mujeres desempleadas en edad laboral.

Otras de las claves del éxito islandés residen en el acceso a escuelas infantiles de bajo costo o en los tres meses de permisos de paternidad tanto para mujeres como para hombres (está mal visto que los hombres no tomen dicho permiso). Los últimos informes han demostrado una correlación directa entre el descenso de divorcios y el permiso de paternidad [8].

Islandia es ahora el primer país del mundo en con menor brecha salarial entre hombres y mujeres gracias también a una implementación cultural progresiva de formación en la plena igualdad de oportunidades. La asignatura de paridad es obligatoria en la enseñanza secundaria en un país que registra una media de 1,8 asesinatos anuales (sumando ambos sexos). Aunque se trata de un país pequeñito, llama la atención que en este siglo XXI Islandia haya tenido varios años completos en los que no se ha registrado ningún asesinato. Cero feminicidios; cero muertos. Para una mayoría de islandeses proteger a la familia de sus amenazas reales pasa más por estas propuestas que por fomentar estereotípicos ideológicos tipo Los niños de azul y las niñas de rosa.

El credo mayoritario es la Iglesia Evangélica Luterana de Islandia y cuya cabeza es la pastora Agnes M. Sigurðardóttir. Estas mujeres también han contribuido a esta mentalidad de igualdad y respeto siendo algunas de sus iniciativas más conocidas cuando 64 mujeres de esta denominación denunciaron públicamente la discriminación y violencia dentro de la iglesia[9]. Para ellas, ocultar los abusos eclesiásticos contra la mujer no era el camino y optaron por una transparencia liberadora. Ahora se sienten más libres y seguras.

¿Qué haremos?

No se trata de idealizar ningún modelo (en todos los sitios hay de todo), pero resulta evidente que la mentalidad con la que se hace teología o se implementan iniciativas sociales afecta directamente a la vida cotidiana de millones de personas.

Muchos responsables hispanohablantes deberíamos aplicar primeramente a nuestras congregaciones esa transparencia económica, igualdad y control del poder que exigimos a instituciones y políticos. No podemos exigir al mundo aquello que omitimos nosotros. Jesús afirmó que el mundo debe ser iluminado con nuestras buenas obras para que glorifiquen a nuestro padre que está en Los cielos (Mateo 5, 6). Pero si aquello que proyectamos hace que los otros nos vean más como una amenaza que como una esperanza es posible que algo esté fallando entre nosotros.

Debemos hacernos preguntas honestas y sacudirnos el temor. Fomentar la empatía, informarnos mejor, establecer puentes y “juzgar con juicio justo” (Juan 7, 24). Por supuesto que hay cristianofobia ¡Sin duda! E intentos de adoctrinamiento desde las escuelas ¡Sin duda!… Como también hay abusos y sufrimiento en las iglesias por ideas discriminativas de género ¡Sin duda! Y ante unos y otros nuestra misión es ser parte activa del bien. Si nosotros caminamos bien el mundo percibirá esa luz.

Admitamos que detrás de la gran movilización cristiana actual contra la IdG no todo es un piadoso amor a la verdad acerca de las personas sobre su género. Hoy existen situaciones mucho más graves y denunciadas en La Biblia (como la creciente brecha entre ricos y pobres que sí destroza de verdad a millones de familias) que no les importa tanto a muchos activistas contra la IdG. Admitamos que a menudo se espiritualizan instintos poco santos contra quien siente su sexualidad de un modo diferente al nuestro. Admitamos también que hay hombres cristianos que temen la equidad de género porque su estatus se ve amenazado por mujeres mejor equipadas humana y espiritualmente que ellos.

Nuestra fuente de verdad última no viene de la biología (que como todo lo “natural” está tocado) sino de quien capacita a cada cual de manera particular (Ro. 12, 6). Creo que el Espíritu Santo siempre ha impulsado a la autocrítica de su pueblo desde la humildad. Y creo también que hoy los creyentes tenemos una oportunidad histórica para abanderar la igualdad originaria de hombres y mujeres como imagen de Dios.

El Señor quiera que este cometido no preste tanta resistencia de siglos como tuvo el abolicionismo cuando una mayoría cristiana aseveraba que la esclavitud estaba “muy clara” en La Biblia. Que lo descriptivo y el contexto cultural caído que Dios asume en Las Escrituras por nuestra cabezonería no nos desvíe del poder de un evangelio revelado para avanzar y vivificar los huesos secos.

Si con todo creemos que cualquier impulsor de “La IdG” está gravemente equivocado, nuestro deseo solo puede ser su salvación y restauración, nunca nuestro desprecio. Cuando a Jesús le preguntan “¿Qué he de hacer para ganar la vida eterna?” él responde con la historia de un prójimo herido que es rechazado por un religioso altanero. Y ahí vemos a un hombre roto atendido por ese samaritano que tanto desprecio visceral despertaba entre los oyentes de Jesús (Lucas 10, 25-37). Esta parábola que responde a la pregunta más importante que podamos hacer trata de un mover compasivo sin saber siquiera qué tipo de vida lleva ese prójimo. Por eso cuando Juan y Jacobo piden que baje fuego para consumir a sus aborrecidos samaritanos Jesús les responde: “¡No tenéis ni idea de qué espíritu sois! porque no vine para perder almas, sino a salvarlas” (Lucas 9, 55-56).

[1] https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2019/Violencia2019_Nal.pdf

[2] https://www.nodal.am/2017/11/america-latina-la-region-mas-violenta-las-mujeres-al-menos-12-femicidios-diarios/. Datos tomados de informe de la ONU en 2017,

[3] Elcomercio.pe, El 40% de gays de América Latina sufre homofobia en la escuela, 28-10-2014

[4] Finnbogadottir, Vigdis y Consejo de Europa, Equality and Democracy: Utopia or Challenge? Palacio de Europa, Estrasburgo, 9-11 de febrero de 1995, p. 38

[5] Datos de 2017 tomados del informe de la Brecha Global de Género (Global Gender Gap Report) para medir la igualdad y desigualdad de género. Publicado por el Foro Económico Mundial, y que incluye más de 140 países.

[6] bbc.com, El secreto de Islandia, el mejor país del mundo para ser mujer, 05-11-2013

[7] Elconfidencial.com, España registra la tasa de natalidad más baja en 40 años, 19-06-2018

[8] Arna Olafsson, Herdis Steingrimsdottir, How Does Daddy at Home Affect Marital Stability? The Economic Journal, Volume 130, Issue 629, July 2020, Pages 1471–1500

[9] Euronews.com, Female priests join #MeToo movement in Iceland, 16-01-2018

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